¡Padre bueno, Padre santo, Padre misericordioso!
Recibid la sangre de vuestro santísimo hijo, sus llagas, su corazón.
Mirad su cabeza traspasada por las espinas;
no permitáis que esta sangre sea una vez más inútil.
Y no olvideis que no ha llegado el tiempo de la justicia,
sino el de la Misericordia.
¡Misericordia Padre bueno,
Misericordia Padre santo,
Misericordia Padre Misericordioso!
PORLA


