sábado, 28 de enero de 2012

Santidad

Recuerdo que con alegría aprendí, de boca de un santo religioso, este proverbio tan sencillo como luminoso: juvenes videntur sancti sed non sunt: senes non videntur sed sunt (los jóvenes parecen santos, pero no lo son, los viejos no lo parecen, pero lo son). Los ardores de la juventud que empieza a seguir de cerca a Jesús son flores, son promesas; pero el trabajo sereno, profundo e intenso de las almas en el servicio de Dios, es fruto maduro y sazonado, es eficacísima realidad.

Querer una santidad sin esfuerzo, buscar una virtud sin pruebas y sin luchas, sin batallas ni derrotas, es un sueño de juventud que no resiste a la experiencia consumada de una verdadera vida espiritual. Hoy, en cambio, virtudes que se afirman en medio de las dificultades; virtudes que con esfuerzo y merced al paso del tiempo, llegan a reinar; virtudes que, después de muchas luchas y victorias, adquieren la prontitud, la facilidad y la constancia propias de las verdaderas virtudes.

Todas estas características, unidas a un gusto espiritual por el ejercicio de actos virtuosos, son las pruebas y el sello que hace reconocer por verdadera una virtud.

Y es precisamente para que tú, hermano mio, alcances esta meta por la que Dios nuestro Señor pone a prueba tu oración, con esas arideces; tu apostolado, con esa aparente esterilidad; tu humildad, con las humillaciones; tu paciencia, con las tribulaciones; tu caridad, con los defectos y las miserias de los demás y, también, con la contradicción de los buenos. 
                                                                                                                         PORLA

jueves, 5 de enero de 2012

EPIFANIA DEL SEÑOR

 
Mirad que llega el Señor del señorío: en la mano tiene el reino y la potestad y el imperio.
Hoy celebra la Iglesia la manifestación de Jesús al mundo entero.
Epifanía significa “manifestación” y en los Magos están representadas las gentes de toda lengua y nación que se ponen en camino, llamadas por Dios, para adorar a Jesús.
Los reyes de Tarsis y de las islas le ofrecen dones,
los reyes de Arabia y de Sabá le traerán presentes y le adorarán todos los reyes de la tierra;
todas las naciones le servirán.
Al salir los Magos de Jerusalén he aquí que la estrella que habían visto en Oriente iba delante de ellos para pararse sobre el sitio donde estaba el niño.
Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría.
No se extrañan por haber sido conducidos a una aldea,
ni porque la estrella se detenga ante una casita sencilla.
Ellos se alegran. Se alegran con un gozo incontenible.
¡Qué grande es la alegría de estos sabios que vienen desde tan lejos para ver a un rey y son conducidos a una casa pequeña en una aldea!
¡Cuántas enseñanzas tiene para nosotros!
En primer lugar aprendemos que todo reencuentro con el camino que nos conduce a Jesús está lleno de alegría!
                                                                                                        PORLA