lunes, 23 de abril de 2012

La Pascua, una santa alegría


Celebremos, pues, con alegría el día en que el Señor ha resucitado, y con Él ha resucitado toda la tierra.
Ha resucitado después de haber destrozado los lazos de la muerte; no ha resucitado después de haber roto las cadenas de nuestros crímenes.
Adán ha pecado y ha muerto, Jesús no ha pecado y ha muerto; ¡qué cosa más extraña y extraordinaria!... Jesucristo… vino a este mundo y pagó la muerte por aquel que estaba esclavizado, para liberarlo de las cadenas de la muerte.
Admirad los beneficios de la resurrección, la bondad de nuestro divino Maestro, el exceso de su ternura. No seamos ingratos con semejante benefactor y no cedamos ahora que hemos llegado al final del ayuno.
(S. Juan Crisóstomo)

PORLA

viernes, 13 de abril de 2012

Resucitó de entre los muertos

En verdad  ha resucitado el Señor, aleluya.

“Al caer la tarde del sábado, María Magdalena y María, madre de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar el cuerpo muerto de Jesús.
—Muy de mañana, al otro día, llegan al sepulcro, salido ya el sol (Mc 16, 1-2)
Y entrando se quedan consternadas porque  no hallan el cuerpo del Señor.­­­­­— Un mancebo, cubierto de vestidura blanca, les dice:
—No temáis, sé que buscáis a Jesús Nazareno. non est hic, surrexit enim sicut dixit —no está aquí, porque ha resucitado, según predijo (Mt 28,5).
¡Ha resucitado! —Jesús ha resucitado. No está en el sepulcro. —La Vida pudo más que la muerte.”
------------------------
La Resurrección gloriosa del Señor es la clave para interpretar toda su vida, y el fundamento de nuestra fe. Sin esa victoria sobre la muerte, dice San Pablo, toda predicación sería inútil y nuestra fe vacía de contenido. Además, en la Resurrección de Cristo se apoya nuestra futura resurrección. Porque dios, rico en misericordia, movido del gran amor con que nos amó, aunque estábamos muertos por el pecado, nos dio vida juntamente con Cristo… y nos resucitó con Él.
La Pascua es la fiesta de nuestra redención y, por tanto, fiesta de acción de gracias y de alegría.
La Resurrección del Señor es una realidad central de la fe católica, y como tal, fue predicada desde los comienzos del Cristianismo. La importancia de este milagro es tan grande que los Apóstoles son, ante todo, testigos de la Resurrección de Jesús. Anuncian que Cristo vive, y éste es el núcleo de toda su predicación. 
                                                                                                PORLA   

miércoles, 4 de abril de 2012

La oración en el huerto de Getsemaní

Después de la Última cena, Jesús y los Apóstoles recitan los salmos de acción de gracias, como era costumbre, y la pequeña comitiva se pone en marcha en dirección a un huerto cercano, llamado de los Olivos.
Jesús había advertido a Pedro y a los demás que, esa medianoche, todos –de un modo u otro- le negarán dejándole solo.
Llegan a una finca llamada Getsemaní y dice a sus discípulos: “Sentaos aquí, mientras hago oración”. Y llevándose con él a Pedro, a Santiago y a Juan, comenzó a sentir pavor y a angustiarse. Y les dice: “Mi alma está triste hasta la muerte; quedos aquí y velad”.
Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra. Jesús siente una inmensa necesidad de orar. Se detiene junto a unas rocas y cae abatido. Se prostró en tierra, escribe San Marcos. San Lucas nos dice: “Se puso de rodillas” y San Mateo precisa más: “Se prostró rostro en tierra, aunque de ordinario los judíos  oraban de pie”.
Jesús se dirige a su Padre en una oración cargada de confianza y ternura, en la que se entrega totalmente a Él: “Padre mío”, le dice, “Si es posible que pase de mí este cáliz; per no sea como yo quiero, sino como quieres Tú”.
-------------------------------------
Poco tiempo antes les había comunicado a sus discípulos: “Mi alma está triste hasta la muerte; estoy sufriendo una tristeza capaz de causar la muerte”.
Así sufre Jesús. Él que es la misma inocencia, carga con todos los pecados de todos los hombres, y se prestó a pagar personalmente todas nuestras deudas. Todas: las debidas por los pecados y cometidos, las debidas por los que se estaban cometiendo en aquel momento, y las deudas de los pecados que se cometerían hasta el final de los tiempos.
Él Señor no sólo salió fiador de culpas ajenas, sino que se hizo tan Uno con nosotros como es la cabeza con el cuerpo: quiso que nuestras culpas se llamasen suyas; por eso no solamente pagó con su sangre, sino con la vergüenza de esos pecados.
Todas estas causas de sufrimientos eran captadas en toda su intensidad por el alma de Cristo.
--------------------------------------------
Emociona contemplar en esta escena a Jesús pendiente de sus discípulos, cuando era él quien corría peligro: “Si me buscáis a mí”, dice a quienes acompañaban a Judas, “dejad marchar a éstos”. El Señor cuida de los suyos.
Entonces apresaron a Jesús y le condujeron a casa del Sumo Sacerdote.
San Juan dice que le ataron. Y lo harían sin consideración alguna, con violencia. Aquella chusma le va empujando en medio de un vocerío descortés e insultante. Los discípulos, asustados y desconcertados, se olvidan de sus promesas de fidelidad en aquella memorable Cena,  abandonándole, huyeron todos.
Jesús se queda solo. Los discípulos han ido desapareciendo uno tras otro.
“El Señor fue flagelado, y nadie le ayudó; fue afeado con salivas, y nadie le amparó; fue crucificado, y nadie le desclavó”.
Se encuentra solo ante todos los pecados y bajezas de todos los tiempos. Allí estaban también los nuestros.
                                                                                                         PORLA


                                                         

martes, 3 de abril de 2012

Cuentan que...

Cuentan que un hombre que acababa de conocer a Jesús de Nazaret quedó tan fascinado de su presencia que decidió buscar, por todos los caminos, a otros hombres que les hubiera pasado lo mismo que a él para, junto a ellos, seguirle. Al ver a un anciano sentado al borde del camino le preguntó:
—¿Ha visto pasar por aquí a algún cristiano?
El anciano, encogiéndose de hombros le contestó:
—Depende del tipo de cristiano que busques.
—¡Perdone! —le dijo contrariado el joven—, es que soy nuevo en esto y no conozco los tipos que hay. Solo conozco a Jesús.
—Pues mira, amigo —le dijo el anciano—, los hay para todos los gustos: hay cristianos de cumplimiento, cristianos por tradición, cristianos por conveniencia, cristianos por comodidad… y hay otros que son cristianos auténticos.
—¡Los auténticos! Esos son los que yo busco. ¡Los de verdad!
—¡Vaya! —dijo el anciano subiendo la voz—, esos son las más difíciles de encontrar.
El joven, con impaciencia, le dijo:
—¿Y cómo podre reconocerlos?
El anciano, pausadamente, le contestó:
—No te preocupes, amigo. No tendrás dificultad para reconocerlos. Un cristiano de verdad no puede pasar desapercibido. Lo conocerás por sus obras pues allí donde va siempre deja huella.
                                                                                                      PORLA