miércoles, 20 de junio de 2012

Nos abrimos al Espíritu

Ven Espíritu de Dios, sobre mí, me abro a tu presencia, cambiarás mi corazón. Toca mi debilidad, toma todo lo que soy, pongo mi vida en tus manos y mi fe; poco a poco llegarás a inundarme de tu luz. Tú cambiarás mi pasado. Cantaré.
Abre tus manos y ofrécete al Señor.
Dile: aquí estoy. Hazlo con María.
Abre tu corazón y guarda en él la palabra. Hazlo con María.
Abre tus ojos: mira la situación de la humanidad e invoca, con María, al Espíritu.
Nos envías por el mundo a anunciar la Buena Nueva, mil antorchas encendidas y una nueva primavera.

Siendo siempre tus testigos cumpliremos el destino. Sembraremos de esperanza y alegría los caminos.

Si la sal se vuelve sosa: ¿quién podrá salar al mundo? Nuestra vida es levadura, nuestro amor será fecundo.
Cuanto soy y cuanto tengo, la ilusión y el desaliento.
Yo te ofrezco mi semilla, Tú pones el fermento.
                                                                                                           PORLA

miércoles, 13 de junio de 2012

Un poco de ternura

André Maurois, gran escritor francés, persona de fe católica, sugería:
“Es bueno empezar la jornada diaria por una dosis de ternura que perfume las acciones de todo el día… hasta la noche”.
Marcel Pagnol, escritor, recuerda con sumo agrado los años de su infancia. Dice:
“En mi familia había respeto y ternura”.
J. L. Borges escribe sobre la serenidad y la ternura de unos versos de un poeta:
“Respiran una serenidad y una ternura que encierran algo de divino”.
- Todos recordamos el perfume benefactor, inigualable, de las ternuras recibidas en nuestra infancia y a lo largo de la vida.
- Todos vamos por la calle, en reuniones, en el trato personal… con la esperanza de que nos caiga –en nuestra boca, siempre abierta y reseca- unas gotas de ternura: de buena acogida, de cordialidad, de afecto, de amor.
- Con un poco de ternura… se puede se puede llegar al otro, consolarlo, ayudarlo.
- Con un poco de ternura… se puede levantar al humilde, auparle, empujarle.
- Con ternura puesta en nuestra sonrisa, en nuestro rostro, en nuestra voz, en nuestros gestos y actos… podemos hacer llegar al otro –a quien sufre- un poco de la inmensa ternura de Cristo.
- San Cipriano (210-218) decía:
“Dios no escucha la voz… sino el corazón”.
Mª Ángeles

domingo, 10 de junio de 2012

No te derrumbes

El poeta Miguel Hernández, desde la cárcel, escribía a su hijo pequeño:
“Vuela, niño… no te derrumbes.
-Sí, no te derrumbes:
Aunque estés inmerso en un mundo de dificultades;
Aunque tu corazón experimento y sienta la soledad;
Aunque tu vida sea dura, difícil, compleja.
-No te derrumbes:
Aunque nadie te escuche ni atienda ni haga caso de ti,;
Aunque te nieguen la palabra, la mirada, una sonrisa;
Aunque te regateen la compresión, el afecto, la ternura.
-No te derrumbes:
Si estás pegado junto al muro de las lamentaciones;
Si han obrado contigo un buen número de injusticias;
Si experimentas la amargura del abandono, sufres y lloras.”
El acto de fe resulta cómodo y fácil cuando no hay dificultades, como el que está bien arrellanado en un sillón y lee tranquilamente la narración de las expediciones peligrosas al Polo Norte”, escribe el dominico P. Garrastachu, “mas cuando llega la hora del dolor, del sufrimiento, de la prueba, es menester avivar de veras la fe para no derrumbarse y así permanecer en paz con uno mismo y sumiso a la voluntad de Dios”.
¡Anda, no te derrumbes!¡Mira y vuela hacia arriba!
Mª Ángeles