Por si alguno de vosotros no lo sabía, Gaudí fue el
arquitecto que diseñó la Basílica de la Sagrada Familia de esta gran ciudad de Barcelona.
Con esto ya sabéis desde dónde me dirijo
a vosotros.
Contamos con importantes aportaciones biográficas sobre
Gaudí que han insistido en la genialidad del artista y nos presentan su
itinerario vital asociado a su obra.
Sin embargo, quiero centrarme en presentar una
pequeña síntesis de su camino espiritual mostrando lo que podrían ser sus
momentos y rasgos determinantes.
Infancia
y adolescencia (1852 – 1867). La herencia creyente.
La infancia de Gaudí transcurre entre Riudoms y
Reus (ambos en Tarragona). El primer ámbito representa la naturaleza y se ubica
en la finca familiar del Mas de la Caldereta, mientras que el segundo tiene
como referencia el taller de calderería de su padre.
Bautizado en la iglesia parroquial de San Pedro de
Reus, su familia le ofrece un ambiente piadoso y sencillo. De los primeros años
y como experiencia fundante, probablemente hemos de resaltar los cuidados de
sus padres, Antonia y Francisco.
Antonio es el pequeño de cinco hermanos y tiene
fuertes episodios de dolor debido a un reuma que le impedirá acudir usualmente
a la escuela y que, a la vez, exigirá atenciones y desvelos, especialmente por
parte de su madre.
Debía de pasar largas temporadas en la finca
acompañado de la ternura materna y rodeado de una escuela, donde en la belleza
y la luz tuvo sus maestros, que desplegaron en él una acentuada curiosidad y un
peculiar sentido de la admiración. Esta sensibilidad le acompañó en los años
que pasó en el colegio de los Padres Escolapios de Reus, donde se emocionaba
especialmente en las liturgias solemnes dedicadas a Santa María. Ello nos da la
pista, ya tempranamente, de su gusto por la liturgia.
A pesar de su destacada intuición, no era demasiado
buen estudiante, ya que sus intereses artísticos seleccionaban sus esfuerzos. Más
contemplativo que especulativo, prefería sus observaciones y dibujos que los
libros.
De aquellos tiempos data una alianza con sus amigos
para reconstruir el monasterio de Poblet, teniendo como base sus dibujos.
Sin embargo, el trabajo en el taller de su padre,
en el que puntualmente colaboraba, le aportaba un sentido práctico y allí se
fraguó su determinación de ser arquitecto.
Gaudí se traslada a Barcelona para terminar el
bachillerato y preparar su ingreso en la escuela de arquitectura. Vivirá, inicialmente,
con su hermano Francesc, que estudia medicina. La venta de una parte del
patrimonio familiar permite que los hijos puedan estudiar en la capital.
Ahora la perspectiva se amplía en medio de una
ciudad donde las condiciones sociales del mundo obrero son muy duras. Además,
pronto se tiene que poner a trabajar para garantizar los medios para poder
estudiar.
Desde el punto de vista religioso, es un periodo de
adormecimiento y sus preocupaciones inmediatas se centran en avanzar a duras
penas en los estudios, el crecimiento de su conciencia social y su
enamoramiento de Pepeta Moreu, una joven maestra de la escuela de la
Cooperativa Mataronense, con la que al final no llegó a casarse.
A pesar de este cierto enfriamiento de la fe,
trabaja sobre temas de sentido religioso como el dibujo para la puerta de un
cementerio basada en algunos símbolos del libro del Apocalipsis o la colaboración
como ayudante en algunas reformas en la Catedral de Barcelona.
En el espíritu de la Renaixença, siguiendo la inspiración
de Verdaguer, se siente atraído para mostrar el mundo del Infinito y los textos
del Apocalipsis cautivaron su imaginación.
Durante esta etapa, tres encuentros con la muerte
marcarán una llamada a la profundidad y al sentido. En 1876 y con dos meses de
diferencia, mueren su hermano Francesc y su madre Antonia. Apenas tres años después
muere su hermana Rosa que, separada, le deja a su hija Roseta a su cuidado.
Así que su título de arquitecto viene acompañado
por la exigencia del cuidado del resto de su familia: su padre y su sobrina. Esta
experiencia en el dolor se convertirá en un terreno fértil para reavivar su fe
católica.
En los próximos días continuaremos con esta interesante
cuarta catequesis.
PORLA


