“Las grandes iniciativas solo se logran con grandes dolores, pero de
esa fragmentación del alma quedan trozos preciosos, frutos de tal sabor y olor,
que sacian generaciones”.
Tras la fase síntesis y configuración
de hábitos, continua una época de gran fecundidad artística, que a la vez ha de
enfrentarse a graves dificultades. Los frutos serán de gran madurez y
exigencia. Así, a la continuación de los trabajos de la Sagrada Familia, se
asocian tres frentes destacados.
Por una parte, el parque Güell progresa
arquitectónicamente y en implicación personal, ya que allí compra la casa
muestra a la que trasladará a su anciano padre y a su sobrina cada vez más
enferma, a causa de su alcoholismo. Por otra parte, comienzan los trabajos de restauración
de la catedral de Mallorca por encargo del obispo y amigo Pere Campins. Allí puede
aplicar los criterios de la renovación litúrgica, que supondrá el traslado del
coro al presbiterio, la liberación de la cátedra episcopal tras el desmonte del
retablo barroco y la colocación del altar mayor de cara a los fieles que ahora
pueden ocupar las naves sin impedimentos de visión. Allí, en los elementos arquitectónicos
y de mobiliario, se traduce un cambio eclesial que Gaudí anticipa. Y por
último, emprende los encargos de las casas Batlló y Milà, en los que situará
referencias cristianas como la cruz de cuatro brazos y los anagramas de la
Sagrada Familia en la primera, y la imagen de la Virgen María, que no pudo ser
colocada en la fachada de la Pedrera por oposición de los propietarios.
Como decíamos, durante esta época
Gaudí ha de afrontar también problemas personales, como la muerte de su padre,
y sociales, como la Semana Trágica con su alargada sombra antes y después de
los hechos. Sin embargo, se siente con fuerza para abordarlo todo.
“A medida que los años debilitan mi cuerpo, siento más ágil el espíritu”.
Sin embargo, el cuerpo y los años
no aguantan las exigencias de un espíritu cada vez más fecundo. Unas graves
fiebres de Malta paran su trabajo y le obligan a un retiro en Puigcerdà. Será un
tiempo de prueba y una entrada en la debilidad. De la mano de San Juan de la
Cruz, surgirá el portal de la Pasión como testimonio elocuente de este paso por
el sufrimiento que prepara a Gaudí para la última etapa de su vida.
Tras las fiebres, su salud se
verá afectada, pero también su soledad. Con la muerte de su sobrina Roseta,
queda solo en la casa del parque. Además, van desapareciendo su protector,
Eusebi Güell, y su maestro y guía Torras i Bages. Al enojoso conflicto con los
propietarios de La Pedrera, sucede la crisis económica que paraliza las obras
del templo expiatorio. Incluso la Iglesia de la Colonia Güell, que era un ensayo
general para la Sagrada Familia, queda en maqueta realizándose únicamente la
cripta.
Sin embargo, Gaudí ya está en
otra dimensión. Asume con paz su soledad, y con agradecimiento las atenciones
de sus amigos y colaboradores; responde con coraje a la ausencia de fondos, y se
hace mendigo para salvar el proyecto y movilizar a la sociedad; incluso
responde pacífica pero tenazmente a la provocación anticatalanista de la dictadura
de Primo de Rivera. Son años para la paciencia donde la paz no se turba y la
esperanza se expresa en el gesto de la colocación de la primera piedra dela
nave el día 8 de diciembre de 1920 con el cardenal Vidal i Barraquer
presidiendo el acto. Ya en estos momentos, Gaudí se descansa confiadamente en
la Providencia; ella es en definitiva la que garantiza la culminación de su
proyecto. “Es una obra que está en las manos de Dios y en la voluntad del
pueblo. El arquitecto, viviendo en el pueblo y dirigiéndose a Dios, va haciendo
su trabajo. La Providencia, según sus designios, es la que lleva la obra a término”.
La Providencia, con su mano
extendida y vigilante, de alguna forma, puede ser la autora de la imagen profética
del portal del Rosario. En el grupo escultórico “La muerte del justo” la Virgen
y San José muestran al Niño Jesús a un anciano, pobre y en estado agonizante,
para reconfortarlo. La obra partía de los apuntes que el escultor Llorenç
Matamala tomó en una visita junto con Gaudí al Hospital de la Santa Cruz, que
era el lugar de beneficencia cristiana para la acogida de los pobres. Cuando
esculpió al agonizante puso el rostro de Gaudí en él casi 25 años antes de su
muerte, justo debajo de la frase “Et in hora mortis mostrae. Amen”.
Y así murió el día 10 de junio de
1926, pobre en el hospital de los pobres, y conformado en su fe después de ser
atropellado por un tranvía cuatro días antes. Recibió la absolución y el
viático y apenas se le oyó repetir: ¡Jesús! ¡Dios mío! En aquel momento cuando
cerraba definitivamente sus párpados descubría lo que había proclamado: “Los
ojos son el sentido de la Gloria”.
PORLA

