martes, 18 de junio de 2013

Y así termina la Cuarta Catequesis

La fecundidad del artista (1903 – 1910): la misión creadora.
“Las grandes iniciativas solo se logran con grandes dolores, pero de esa fragmentación del alma quedan trozos preciosos, frutos de tal sabor y olor, que sacian generaciones”.
Tras la fase síntesis y configuración de hábitos, continua una época de gran fecundidad artística, que a la vez ha de enfrentarse a graves dificultades. Los frutos serán de gran madurez y exigencia. Así, a la continuación de los trabajos de la Sagrada Familia, se asocian tres frentes destacados.
Por una parte, el parque Güell progresa arquitectónicamente y en implicación personal, ya que allí compra la casa muestra a la que trasladará a su anciano padre y a su sobrina cada vez más enferma, a causa de su alcoholismo. Por otra parte, comienzan los trabajos de restauración de la catedral de Mallorca por encargo del obispo y amigo Pere Campins. Allí puede aplicar los criterios de la renovación litúrgica, que supondrá el traslado del coro al presbiterio, la liberación de la cátedra episcopal tras el desmonte del retablo barroco y la colocación del altar mayor de cara a los fieles que ahora pueden ocupar las naves sin impedimentos de visión. Allí, en los elementos arquitectónicos y de mobiliario, se traduce un cambio eclesial que Gaudí anticipa. Y por último, emprende los encargos de las casas Batlló y Milà, en los que situará referencias cristianas como la cruz de cuatro brazos y los anagramas de la Sagrada Familia en la primera, y la imagen de la Virgen María, que no pudo ser colocada en la fachada de la Pedrera por oposición de los propietarios.
Como decíamos, durante esta época Gaudí ha de afrontar también problemas personales, como la muerte de su padre, y sociales, como la Semana Trágica con su alargada sombra antes y después de los hechos. Sin embargo, se siente con fuerza para abordarlo todo.
 
 Abandono a la providencia (1912 – 1924): la purificación mística.
“A medida que los años debilitan mi cuerpo, siento más ágil el espíritu”.
Sin embargo, el cuerpo y los años no aguantan las exigencias de un espíritu cada vez más fecundo. Unas graves fiebres de Malta paran su trabajo y le obligan a un retiro en Puigcerdà. Será un tiempo de prueba y una entrada en la debilidad. De la mano de San Juan de la Cruz, surgirá el portal de la Pasión como testimonio elocuente de este paso por el sufrimiento que prepara a Gaudí para la última etapa de su vida.
Tras las fiebres, su salud se verá afectada, pero también su soledad. Con la muerte de su sobrina Roseta, queda solo en la casa del parque. Además, van desapareciendo su protector, Eusebi Güell, y su maestro y guía Torras i Bages. Al enojoso conflicto con los propietarios de La Pedrera, sucede la crisis económica que paraliza las obras del templo expiatorio. Incluso la Iglesia de la Colonia Güell, que era un ensayo general para la Sagrada Familia, queda en maqueta realizándose únicamente la cripta.
Sin embargo, Gaudí ya está en otra dimensión. Asume con paz su soledad, y con agradecimiento las atenciones de sus amigos y colaboradores; responde con coraje a la ausencia de fondos, y se hace mendigo para salvar el proyecto y movilizar a la sociedad; incluso responde pacífica pero tenazmente a la provocación anticatalanista de la dictadura de Primo de Rivera. Son años para la paciencia donde la paz no se turba y la esperanza se expresa en el gesto de la colocación de la primera piedra dela nave el día 8 de diciembre de 1920 con el cardenal Vidal i Barraquer presidiendo el acto. Ya en estos momentos, Gaudí se descansa confiadamente en la Providencia; ella es en definitiva la que garantiza la culminación de su proyecto. “Es una obra que está en las manos de Dios y en la voluntad del pueblo. El arquitecto, viviendo en el pueblo y dirigiéndose a Dios, va haciendo su trabajo. La Providencia, según sus designios, es la que lleva la obra a término”.
La Providencia, con su mano extendida y vigilante, de alguna forma, puede ser la autora de la imagen profética del portal del Rosario. En el grupo escultórico “La muerte del justo” la Virgen y San José muestran al Niño Jesús a un anciano, pobre y en estado agonizante, para reconfortarlo. La obra partía de los apuntes que el escultor Llorenç Matamala tomó en una visita junto con Gaudí al Hospital de la Santa Cruz, que era el lugar de beneficencia cristiana para la acogida de los pobres. Cuando esculpió al agonizante puso el rostro de Gaudí en él casi 25 años antes de su muerte, justo debajo de la frase “Et in hora mortis mostrae. Amen”.
Y así murió el día 10 de junio de 1926, pobre en el hospital de los pobres, y conformado en su fe después de ser atropellado por un tranvía cuatro días antes. Recibió la absolución y el viático y apenas se le oyó repetir: ¡Jesús! ¡Dios mío! En aquel momento cuando cerraba definitivamente sus párpados descubría lo que había proclamado: “Los ojos son el sentido de la Gloria”.

PORLA
 

sábado, 8 de junio de 2013

El itinerario de fe de un hombre de Dios. Gaudí. Continuación de la Cuarta Catequesis.

El encargo de la sagrada familia (1883 – 1893): maduración espiritual.
Todo cuanto he hecho ha dependido de las circunstancias; si eran favorables, para encomendarme a ellas, y si eran adversas, para luchar con ellas, siempre sirven, son la manifestación de la Providencia.
Mientras trabajaba como arquitecto en la Cooperativa Obrera  Mataronenese, terminaba la cascada del Parque de la Ciudadela y construía en Comillas (Cantabria) una residencia de verano que luego se llamaría “El Capricho”, recibe el encargo de continuar el templo de la Sagrada Familia. Esta encomienda providencial marcará su vida, ya que podemos decir que, a la vez que Gaudí construye la Sagrada Familia, ocultamente el templo le va construyendo a él.
Esta década supondrá la entrada en relación con distintos personajes claves de la Iglesia catalana que le marcarán tanto su vida como en la realización de algunos encargos significativos. Así, San Enrique de Ossó le encargará la realización del colegio madre de la compañía de Santa Teresa, las Teresianas. Allí también colaboraba como capellán mosén Jacint Verdaguer, al que Gaudí admiraba y con el que, a través de Eusebi Güell, coincidiría en distintas circunstancias. Entre ellas el encargo de las Misiones Católicas de Tánger que, aunque no llegó a salir adelante, supuso un aliciente para el inquieto arquitecto.
Sin embargo, dos personajes serán especialmente significativos. Por un lado monseñor Joan Baptista Grau, obispo de Astorga, que le encargará la realización del palacio episcopal; en el fondo, será su formador de la sensibilidad religiosa a través de la liturgia, que tanto motivará al constructor. El obispo intuye la genialidad del arquitecto y lúcidamente le orienta acercándole a las propuestas del movimiento de renovación litúrgica de Dom Guéranger, y le pone en contacto con mosén Torras i Bages de quien Gaudí ya había leído La Tradició Catalana.
El futuro obispo de Vic y animador del movimiento cristiano de la Renaixença de Cataluña, se convierte en guía espiritual y amigo de Gaudí. Su acompañamiento del artista modera y encauza sus inquietudes religiosas, orientando el proceso de profundización en el que el arquitecto se centra, al irse progresivamente olvidando de casarse, tras fallidos intentos, y estar cada vez más identificado con su misión de construir la catedral de los pobres.

 
Un ayuno y la fidelidad a los medios espirituales (1894-1902): la intensidad y la confianza de la fe.
La vida es una batalla, para combatir se necesita fuerza y la fuerza es la virtud. Que solo se sostiene y aumenta con el cultivo espiritual, esto es, con las prácticas religiosas”.
El ayuno en la cuaresma de 1894 marca el inicio de esta etapa. Este gesto probablemente tiene que ver con el fracaso de una relación que en vez de matrimonio, dio a luz a una religiosa y a un arquitecto célibe. Preparándose para la Pascua, extrema su ayuno mientras su familia y amigos se preocupan seriamente.
Solamente mosén Torras i Bages logra moderar y reconducir fecundamente esta crisis hacia el territorio de la confianza y la alegría que se plasmaría en la Portada del Nacimiento. Gaudí emprende el acompañamiento espiritual con mosén Lluis Maria de Valls, que le animará a la fidelidad en la oración y en la práctica sacramental en el Oratorio de San Felipe Neri. Todo ello va templando el ánimo del arquitecto creyente que se identifica cada vez más profundamente con la construcción de la Sagrada Familia. Su vida se centra en su trabajo, sus paseos, la práctica religiosa, el cuidado de su reducida familia y un grupo de amigos con los que mantiene una relación de gran fidelidad.
Tras el encargo de la casa Calvet, surge el proyecto del parque Güell, que tiene la novedad de ligar dos de sus grandes inquietudes: la naturaleza y la fe. Sin embargo, toda la actividad profesional va teniendo al templo expiatorio como fondo y motivación. Su vocación es una misión que expresa un anuncio, presentar el misterio cristiano como esperanza.
 Aquí dejamos por ahora esta cuarta catequesis. Seguiremos en breve.
PORLA