sábado, 31 de agosto de 2013

Y para terminar la Quinta Catequesis

Pero la belleza exige ser contemplada en profundidad: si no es así, se puede convertir en apariencia vacía, vanagloria en definitiva. Como confiesa Dimitir Karamazov a su hermano  Aliocha en la novela “Los hermanos Karamazov”: “la belleza es una cosa terrible. Por ella pelean Dios y Satanás, y el campo de batalla es mi corazón”. Por eso Gaudí tantas veces hacía de guía a los visitantes para enseñar la hondura y la profundidad escondida tras las estructuras arquitectónicas y las figuras escultóricas.          
                                                      

2.- La naturaleza como creación inspiradora

“La Creación continúa y el Creador se vale de sus criaturas, las que buscan las leyes de la naturaleza para conformar a ella nuevas obras, colaboran con el Creador”
La explicación profunda de las innovaciones técnicas de su arquitectura, del extraordinario despliegue simbólico de sus motivos y la capacidad expresiva de sus propuestas formales nace de la conciencia íntima de sentirse un creador. Como artista se siente prolongando una obra ya empezada, que no solamente se trata de imitar copiando, sino de ampliar en un proceso evolutivo hacia la plenitud. El alto creador de Dios no está agotado, sino que se dilata en la acción creadora de los seres humanos, de la cual los artistas son testigos. Desde el arte, Gaudí se siente parte del proceso evolutivo, que entiende en clave de creación hacia la salvación. No es una casualidad que el itinerario de los retablos de la Sagrada Familia se articule como historia de salvación según el esquema de creación (Nacimiento), pecado (Pasión) y salvación (Gloria).
“Este árbol cercano a mi taller, este es mi maestro”.
Desde aquí consideraba a la naturaleza su maestra. En la fecunda corriente del franciscanismo catalán, siente que en sus secretos se esconden las estructuras más perfectas que sirven de modelos a la arquitectura. Por eso era un contemplativo constante y profundo de ella, corrigiendo y ensayando de su mano.
La fachada del Nacimiento es una eclosión de vida donde la piedra se anima para florecer en vegetales o flores y cantar con pájaros que se elevan al cielo a través de los árboles. Siendo la naturaleza su tratado de inspiración recoge en ella las leyes geométricas de sus estructuras o los colores de sus imágenes.
Consideraba que los mediterráneos han descubierto mejor sus secretos porque cuentan con el don de una luz inclinada que no es ni cegadora ni apagada. A través de ella se desvela el secreto de armonía. Por eso en sus paseos le gustaba llegar al mar, del que decía que era el doble del cielo. Allí aprendía el sentido del color que complementa a la piedra acercándola a la luz a través de la forma.
“¡Esto es un canto a la naturaleza! Sí, eso, pero… ¡llámela Creación!”
Esta mirada gaudiniana es en el fondo una oración que busca tras la huella de Dios encontrar el sentido en el amor Creador. Por eso, reclamaba a los admiradores de lo natural el salto de la confesión. Pasar de fenómeno al fundamento, de la criatura a su Creador.
 
3.- Jesucristo, manifestación del invisible

“¡Mirando a Jesucristo: El sí que, por nuestro amor, se hizo pobre de verdad!”
Gaudí va pasando de una visión filosófica de la belleza a una visión profundamente cristiana. En esta dirección le ayuda especialmente la teología paulina que descubre la referencia a Cristo en todo lo creado. “Él es Imagen de Dios invisible, Primogénito de todo la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él” (Col 1, 15-16).
La entraña cristológica de la realidad le permite hacer una lectura de la belleza y del arte referido a Jesucristo, como veremos en nuestro recorrido en torno a la Sagrada Familia. Todo conduce a Cristo. La ternura y la fiesta de Cristo encarnado, el dolor sufriente de Jesús crucificado y el gozo eterno de su manifestación en Gloria. Ahora el icono es Cristo y el él está la puerta. Solo así cabe interpretar la ilusión del arquitecto cuando le fue encargado el misterio de Gloria de Montserrat. Representar al Señor Resucitado en la mañana de Pascua era un reto profundo a su fe. Se trataba de poner en piedra la visión paulina de una creación que ansiosa espera la recreación plena (cf. Rm 8,19-24).
Lástima que el intento quedará parcialmente frustrado y la obra fuera encomendado a un discípulo, con dimensiones y criterios mucho más simples.
El parque Güell también da cuenta de esta pretensión del artista; así la subida al monte de este jardín es, en el fondo, un camino espiritual. Se comienza con la razón mítica, en la entrada, para luego pasar por la contemplación de la naturaleza hasta la cima de la cruz. Solo allí, en la presencia de Cristo, se alcanza e verdadero encuentro entre el cielo y la tierra.
Allí el arte en la máxima simplicidad de una cruz desnuda alcanza su definitiva elocuencia.

4.- Cuando la arquitectura muestra la Trinidad

“Todo aquel que lo lea, hasta los incrédulos, entonará un himno a la Santísima Trinidad”
Nuestro recorrido por la belleza nos lleva desde la cruz a la Trinidad. Cuando Gaudí busca traducir a las formas arquitectónicas el misterio de la fe, procura conjugar la inspiración orante, las posibilidades simbólicas y la pericia técnica. Esto le obliga a pensar y repensar sus propuestas madurándolas y cuestionándolas desde su mirada creyente. La Trinidad, como culminación dela revelación de Dios, se convierte en el reto más insondable para expresar la profundidad del amor. Para el arquitecto, la superficie alabeada denominada “paraboloide hiperbólico” se convierte en la plasmación geométrica y mecánica que expresa este misterio. Lo peculiar de esta forma, que se parece a la ondulación de una silla de montar, es que, siendo una superficie curvada, se constituye por líneas rectas. Así, tres líneas infinitas no paralelas generan en su movimiento la forma. Dos de ellas, el Padre y el Hijo, son las directrices; mientras que la tercera es el Espíritu, que en su movimiento al desplazarse por las otras dos genera la forma geométrica.
Es como si la forma geométrica escondiera la huella de su Creador. Como si la materia hablara el lenguaje de su Dios. O como decía Juan de la Cruz: “Mil gracias derramando pasó por estos sotos con presura, y, yéndolos mirando, con sola su figura, vestidos los dejó de hermosura”. En este caso, serán las líneas geométricas las que reciban simbólicamente las dimensiones del Dios tripersonal.
Vayamos a otra pista trinitaria. En las torres figuran helicoidalmente colocados, de tres en tres, los Sanctus, Sanctus, Sanctus. Gaudí señala que el primero está dedicado al Padre y su color será el amarillo de la luz; el segundo en naranja estará dedicado al Espíritu Santo; y el tercero, en rojo estará dedicado al Hijo. Precisa el artista creyente que el segundo es el Espíritu como comunicación del amor del Padre y el Hijo, y su color es la mezcla de los que representan a las otras dos personas trinitarias.
Este canto orante en piedra y color que sale a la calle, tiene en la liturgia interior su fuente, y su testimonio realmente no es sino una confesión destinada al Amor fundante que baja hasta nosotros en Revelación, retornando luego en ascenso de alabanza. Como si las piedras cantaran a su Dios.

 

 Con esta última entrada damos por terminada la quinta Catequesis.

PORLA
 
 

lunes, 12 de agosto de 2013

5.- La atención a los pobres (continúa la quinta Catequesis)

“Los pobres venían a pedir: ¿Dónde podrán acogerse mejor que al amparo del templo, que es la caridad cristiana?”
Cuando el pintor Joaquim Mir pinta un cuadro sobre la Sagrada Familia en el que destacan en primer plano un grupo de personas pidiendo, entre las que se encuentran algunos discapacitados y una madre sobre la que duermen dos pequeños, no se imaginaba que su pintura iba a añadir un adjetivo al templo. Así, Torres i Bages tuvo la ocurrencia de titular el cuadro “La catedral delos pobres”. Esta denominación agradaba a Antonio Gaudí, ya que veía en ella la posibilidad de significar el objetivo de atención a los pobres que también significaba la construcción de la iglesia. Cuando coloca en el pórtico de la Gloria las obras de misericordia hace algo más que introducir un adorno al decorado. Trata de resaltar una opción por la solidaridad que se hacía patente en su propia vida. Así, visitaba frecuentemente enfermos, y no únicamente entre sus amigos, sino también en muchas ocasiones acompañaba a obreros del templo enfermos y otras personas sin temer el contagio. Realizaba habitualmente aportaciones solidarias a personas en dificultades desde sus propios ingresos, frecuentemente sacrificados también en las obras del propio templo.
Un aspecto significativo de su sentido de la causa hay que situarlo en el proyecto de las escuelas de la Sagrada Familia. Los hechos de la Semana Trágica le permiten tomar conciencia de la gravedad de la situación de miseria y ausencia de futuro de mundo obrero. Así se centra en los operarios de la obra y en los vecinos de El Poblet, suburbio aislado que lindaba con el templo. En común con Mn. Gil Parés, sacerdote responsable de la atención pastoral de la Sagrada Familia, deciden montar una escuela para los chicos de los albañiles del edificio y para los niños del barrio en general. La intuición partía de la urgencia de ofrecer educación y formación religiosa a las familias obreras. Así, Gaudí con sus propios ahorros levantó, un edificio funcional entre 1908 y 1909 a base de ladrillo catalán. Formado por tres aulas cuyo perímetro tiene forma de tres corazones que representa a Jesús, María y José a través delos que se significa la clase de amor que ha de inspirar la acción educativa.
La preocupación de Gil Parés y Gaudí, tras la construcción, se convirtió en realizar una verdadera experiencia de innovación pedagógica que, basada en los principios de la escuela activa de María Montessori, procurara ofrecer a los alumnos una formación integral, práctica y atenta a la naturaleza. Asunto que Antonio Gaudí seguía con interés, realizando aportaciones según su especialidad, especialidad en el área de la educación estética. Un artículo de 1914 en “Ilustración Catalana” nos da idea de la valoración social y educativa de este empeño.
Las Escuela de la Sagrada Familia han de ser comprendidas como uno de los proyectos más queridos por el arquitecto y que mostraba hasta qué punto su lúcido sentido de la caridad apuntaba a la promoción educativa de aquellos que tenían menos posibilidades. Además sitúa su fe en una perspectiva social coherente profundamente en el Evangelio que quería vivir.
 
II. EL ARTISTA ANTE EL MISTERIO DE LA BELLEZA

“Ser original es volver al origen”
Las obras de arte de Gaudí nacen de su propio dinamismo espiritual. La eclosión de reconocimiento internacional de Gaudí tiene que ver con la belleza y la originalidad de sus propuestas, pero sobre todo asombra especialmente la fuerza de su simbolismo que muestra un fuerte sentido espiritual. La conexión admirativa con nuestros contemporáneos tiene que ver con la transparencia del más allá que vemos reflejada en su visión del espacio, en las formas y estructuras de la piedra, en los colores de la cerámica y la transformación obediente de la forja. No es extraño que desde las religiones de Oriente o desde la búsqueda ecológica haya quien se sienta atraído por sus edificios, por sus jardines o por la infinidad de detalles que nos ha legado.
Algunos han intentado encontrar respuestas ocurrentes, unas veces esotéricas y otras disparatadas, al sentido de su obra, pero la solución más sencilla y evidente se encuentra en la coherencia y autenticidad de su fe católica. La obra de Gaudí tiene su fuente y origen en la experiencia de Dios, vivida eclesialmente desde el acontecimiento de Jesucristo que es “el resplandor de su gloria” (He 1,3). Por eso es fácil, como veíamos, establecer el paralelismo entre sus realizaciones, especialmente en la Sagrada Familia, y su itinerario espiritual. Entre la exuberancia y variedad de sus símbolos, reconocemos el fundamento cristiano que los sostiene.
 
 1.- La belleza de las piedras
 
“La Gloria es la luz, la luz da júbilo y el júbilo es la alegría del Espíritu”
Fue el sacerdote, y más tarde obispo de Vic, Torres i Bages quien ayuda a aportar la profundidad bíblica, teológica y eclesial a las intuiciones de Gaudí. Su talento de artista encuentra en las palabras del pastor, el sentido a su trabajo creador. Así, al labrar la forma en la materia descubre que la inspiración es como la luz divina que se esconde en ella. Esto se traduce en el aprecio por la materia que tiene en la encarnación su motivo radical. Como si el dinamismo del abajamiento de Dios también llevara a decir que el Verbo se hizo, en alguna medida, piedra. Como decía el obispo teólogo y poeta: “No rechacemos la materia. No rechacemos aquello en lo que resplandece la luz del sello artístico, que hasta las criaturas más ínfimas de la creación, los elementos más simples, en manos del hombre inspirado, pueden hablar a nuestro espíritu el lenguaje divino de la belleza”.
El arquitecto de la Sagrada Familia sabía que la belleza tenía un poder provocador y atraía hacia la bondad y la verdad, a la vez que hablaba de ellas. Sabía que su obra invitaba y movía a la fe, que tras sus piedras se manifestaba una elocuencia que decía el Infinito.
Que el Invisible se hacía visible en un terreno, la obra de arte, en el que lo natural y lo divino se acercaban. Dicho también por la palabra de Torres i Bages, “la atracción que Dios ejerce sobre la criatura racional se efectúa por medio del amor (…) El arte sirve para llevar a los hombres hacia Dios, Amor sustancial de quien proceden todas las cosas”.
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Como veis, esta Catequesis es muy larga. En breve la terminaremos.
                 PORLA