miércoles, 12 de febrero de 2014

CONFESIONES DE SAN AGUSTIN (continuación)

CAPITULO TERCERO
3) ¿Cabéis, por ventura, en el cielo y en la tierra (1), puesto que los llenáis? ¿O es que los llenáis, y sobra algo, porque no cabéis en ellos? Más ¿dónde derramáis todo lo que, después de llenar cielos y tierra, sobra de Vos? O ¿por ventura no tenéis necesidad de ser contenido por las criaturas, porque Vos las contenéis a todas; y todo lo que llenáis, conteniéndolo (2) lo llenáis? Porque no son los vasos llenos de Vos lo que os dan consistencia, pues aunque ellos se quiebren, no os derramáis.
Y cuando os derramáis sobre nosotros, no os abajáis, más nos levantáis; ni os derramáis, más nos recogéis. Mas Vos, que llenáis todas las cosas, ¿las llenáis con todo Vos, o tal vez, porque todas ellas no pueden conteneros entero, contienen parte de Vos?
¿Y contienen todas a la vez la misma parte, o cada una contiene una parte de Vos, y mayor las mayores, menor las menores? Según esto, ¿hay en Vos alguna parte mayor y alguna menor? ¿O estáis todo en todas partes, y ninguna cosa contiene a todo Vos?
 
CAPITULO CUARTO
Perfecciones incomprensibles de Dios
4) ¿Qué es, pues, mi Dios? ¿Qué es, pregunto, sino el Señor Dios?
Porque ¿qué Señor hay, fuera del Señor, o qué Dios, fuera de nuestro Dios? (Ps. 17, 32). Sumo, perfectísimo, poderosísimo, omnipotentísimo, ocultísimo y presentísimo (1); hermosísimo y fortísimo; estable e incomprensible; inmutable, que todo lo muda; nunca nuevo, nunca viejo (2); renovando todas las cosas, y llevando a la vejez a los soberbios, sin que ellos lo entiendan; siempre activo y siempre en reposo; recogiendo y no necesitando; sosteniendo, llenando y protegiendo; creando, alimentando y perfeccionando; buscando, aunque nada os falta. Amáis pero no os apasionáis; tenéis celo, pero estáis seguro; os arrepentís, pero si dolor; os enojáis, más con tranquilidad; mudáis las obras, pero no el consejo; recibís lo que halláis (3), y nunca perdéis; nunca avaro, pero exigís usuras; os ofrecemos de más para haceros deudor, pero ¿quién tiene algo que no sea vuestro? Pagáis deudas, sin deber a nadie; perdonáis deudas, y nada perdéis. Más ¿qué he dicho de Vos, Dios mío, vida mía y santa dulzura mía? O ¿qué puede decir el que habla de Vos? Y, sin embargo, ¡ay de los que no hablan de Vos! Porque son parlero mudos.

PORLA