domingo, 20 de noviembre de 2016

LIBRO SÉPTIMO - CONFESIONES DE SAN AGUSTÍN: Acercándose a Dios (Años 31 - 32)

CAPITULO QUINTO
Nueva investigación sobre el origen del mal.
7) Buscaba yo el origen del mal; buscábalo mal, y en la misma búsqueda no echaba de ver el mal. Ponía delante de los ojos de mi espíritu la creación entera: todo lo que podemos ver en ella, como es tierra, mar, aire, estrellas, árboles, animales mortales; y todo lo que no vemos, como es arriba el firmamento del cielo, y todos los ángeles y espíritus celestiales; mas estas cosas ordenadas también, como si fuesen cuerpos, cada una en su lugar, según mi imaginación. Y hacía de vuestra creación una gran mole distribuida en diferentes géneros de cuerpos, tanto los que realmente eran cuerpos, como los que yo fingía en lugar de los espíritus. Esta mole hacíala yo grande; no exactamente cuánto ella era –que eso no lo podía saber-, sino cuanto me parecía; si bien por todas partes finita; y a Vos, Señor, rodeándola por todas partes y penetrándola; pero infinito en todas direcciones: como si el mar estuviese en todas partes, y en todas direcciones por la inmensidad infinita formase un solo mar; y tuviese dentro de sí una esponja todo lo grande que se quiera, pero finita; la esponja estaría, sin duda, por todas partes llena del inmenso mar; así concebía yo vuestra creación finita, llena de Vos, infinito, y decía: Veis aquí a Dios y veis aquí las cosas que Dios ha creado; bueno es Dios, inmensa e incomparablemente mejor que ellas: pero con todo Él, bueno, las he creado buenas. ¡Ved cómo las abraza y las llena!
¿Dónde, pues, está el mal?, ¿y de dónde o por dónde se nos ha deslizado aquí?, ¿cuál es su raíz y cuál su semilla?
¿Es que el mal no tiene ser alguno? Pues ¿por qué tememos y nos guardamos de lo que no es? Y si vanamente tememos, al menos el temor mismo ya es una mal, que sin causa nos aflige y atormente el corazón; y un mal tanto más grave, cuanto tememos no habiendo de qué temer. Por tanto, o existe el mal que tememos, o existe este otro mal: que tememos. ¿De dónde, pues, viene este mal, puesto que Dios bueno hizo todas estas cosas buenas: El mayor y supremo Bien hizo todas estas cosas buenas? El mayor y supremo Bien hizo ciertamente los bienes menores; mas no obstante, Creador y criaturas, todo es bueno,  
¿De dónde viene el mal? ¿Será que aquello de que las hizo, era alguna materia mala, y le dio forma y la ordenó, pero dejó en ella algo que no convirtiese en bien? Y eso ¿por qué? ¿Acaso el que es omnipotente era impotente para transformarla toda y mudarla, de modo que no quedase en ella mal alguno? Finalmente, ¿por qué quiso hacer algo de ella, y no hizo más bien con su misma omnipotencia que dejara totalmente de ser? ¿Pudiera ella verdaderamente existir contra su voluntad? Y si era eterna. ¿por qué la dejó existir así tan largo tiempo por infinitos espacios de siglos atrás, y tanto después tuvo a bien hacer algo de ella? O ya, si es que súbitamente quiso hacer algo, nada mejor hubiera hecho el Omnipotente que aniquilarla, quedándose Él solo, el todo, verdadero e infinito Bien. Y si no estaba bien que no fabricase y produjese algún bien el que es todo lo bueno, una vez destruida y aniquilada aquella materia que era mala, hubiera hecho el mismo otra buena, de donde crease todas las cosas. Porque no sería omnipotente si no pudiese hacer alguna cosa buena sin ayudarse de aquella materia que Él no había creado.
Estos pensamientos revolvía en mi mísero pecho, apesadumbrado por desgarradoras inquietudes, por el temor de la muerte, y por no encontrar la verdad. Pero con todo, estaba firmemente arraigada en mi corazón la fe de vuestra Iglesia Católica en vuestro Cristo, Señor y Salvador nuestro; todavía ciertamente, mal formada y fluctuando fuera de la norma de la doctrina; pero con todo no la dejaba mi alma, antes de día en día se iba embebiendo más y más en ella.

PORLA