CAPITULO TERCERO
Que el gozo es mayor después de mayor
trabajo
6) ¡Buen Dios!, ¿qué pasa en el hombre,
que se alegra de la salud de un alma desahuciada y libertada de mayor peligro,
que si siempre hubiera tenido esperanza, o el peligro hubiera sido menor?
Porque también Vos, Padre misericordioso, os alegráis más de un solo penitente,
que de noventa y nueve justos que no tienen necesidad de penitencia (Lc. 15,
/). Y nosotros lo oímos con gran alegría cuando oímos con cuánto regocijo lleva
el Pastor sobre sus hombros la oveja que se había descarriado; y cómo la dracma
es repuesta en vuestro tesoro, entre los parabienes de las vecinas a la mujer
que la halló (Lc. 15 5-9), y nos arranca lágrimas el júbilo de la fiesta en
vuestra casa cuando en ella se lee del hijo menor que había muerto y ha
resucitado; había perecido y ha sido hallado (Lc. 15, 24). Es así que Vos os
gozáis en nosotros y en vuestros ángeles santos con la santa caridad. Pues Vos
sois siempre el mismo; y de la misma manera conocéis siempre todas las cosas
que ni son siempre, ni de la misma manera.
7) Pues ¿qué es lo que pasa en el alma,
cuando se goza más al hallar o recobrar las cosas que ama, que si siempre las
hubiese poseído? Porque lo mismo testifican los demás acaecimientos; y todos
ellos están llenos de ejemplos que claman: “Así es”. Celebra el triunfo un
general victorioso; mas no venciera si no peleara; y cuanto fue mayor el
peligro en la lucha, tanto es mayor el gozo en el triunfo. La tempestad pone en
aprieto a los navegantes, que ven al ojo el naufragio, y palidecen todos ante
la muerte que les aguarda: serénanse el Cielo y el mar, y se alegran sobre
manera porque temieran sobremanera. Enferma un ser querido, y el pulso indica
peligro: todos los que desean su salud enferman en el alma con él; comienza a
mejorar, y aunque todavía no anda con las fuerzas antiguas, hay ya en casa tal
alegría, cual no la hubo antes cuando andaba sano y fuerte. los mismos deleites
de la vida humana también los alcanzan los hombres a costa de ciertas
molestias, no ya que sobrevienen impensadamente y contra su voluntad, sino
intencionadas y voluntarias. No se toma gusta en comer y bebe, si no precede la
molestica del hambre y de la sed. Los bebedores comen cosas saladas, que le
causen cierto ardor molesto, para sentir el placer de apagarlo con la bebida. Es
costumbre que las prometidas por esposas no sean luego entregadas, porque el
marido no la tenga en poco al serle entregada, si de novio no suspiró por ella
al serle diferida. Estos acaece en la alegría torpe y execrable; esto en la que
es lícita y permitida; esto en la misma sincerísima y honesta amistad; había perecido y ha sido hallado (Lc. 15, 32). En todo, el mayor
placer va precedido de molestia mayor.
¿Qué es esto, Señor mío, que, siendo Vos
para Vos mismo gozo eterno, y gozando siempre de Vos algunos seres cerca de
Vos, que es la causa de que esta parte de las criaturas tenga semejantes
alternativas de menguas y aumentos, de encuentros y reconciliaciones? ¿Es acaso
ésta su manera de ser, y esto lo único que le disteis, cuando desde lo más alto
del Cielo hasta lo más bajo de la tierra, desde el principio del tiempo hasta
el fin de los siglos, desde el ángel hasta el gusanillo, desde el primer
movimiento hasta el postrero, colocasteis todo linaje de bienes y todas
vuestras obras cabales cada una en su propio lugar para ejecutarla a su tiempo?
¡Ay de mí! ¡Cuán excelso sois en las
alturas, y cuán profundo en los abismos! Nunca os apartáis de nosotros, y con
dificultad volvemos a Vos.
PORLA
