domingo, 31 de marzo de 2013

Después de la muerte

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó.
Él fue entonces y se llevó el cuerpo.
Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron al cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos.
Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la preparación, y el sepulcro estaba cerca pusieron allí a Jesús.
Siendo aún muy de mañana María Magdalena y las demás mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús.
Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Ellas, despavoridas, miraban al suelo, y ellos les dijeron:
-¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado. Acordaos de lo que os dijo estando todavía en Galilea: “El Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar”.
Recordaron sus palabras, volvieron del sepulcro y anunciaron todo esto a los once y a los demás.
Pedro se levantó y fue corriendo al sepulcro, y con él Juan, que como era más joven llegó primero. Asomándose, vio solo las vendas por el suelo. Y se volvieron admirándose de lo sucedido.
¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!
PORLA
Durante toda Pascua el Señor se apareció varias veces. Lo recordaremos en los próximos días.
 
 
 

 

jueves, 28 de marzo de 2013

Pasión de nuestro Señor Jesucristo


Después de la cena del Jueves Santo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allí con faroles, antorchas y armas. Jesús sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:
-¿A quién buscáis?
Le contestaron:
-A Jesús el Nazareno.
Les dijo Jesús:
-Yo soy.
Estaban también con ellos Judas, el traidor. Al decirles: “Yo soy”, retrocedieron y cayeron a tierra.
Les preguntó otra vez:
-¿A quién buscáis?
Ellos dijeron:
-A Jesús Nazareno.
Jesús contestó:
-Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.
Y así se cumplió lo que había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me diste”.
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Marco.
Dijo entonces Jesús a Pedro:
-Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?
Prendieron a Jesús y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: “Conviene que muera un solo hombre por el pueblo”.
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta.
Pedro pudo entrar, y al verlo la criada dijo a Pedro:
-¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?
El dijo:
-No lo soy.
Los criados y los guardias habían encendido un fuego, porque hacía frio.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús de la doctrina que predicaba.
-Yo he hablado abiertamente al mundo, en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado.
Apenas dijo esto, un guardia le dio una bofetada.
-¿Así contestas al sumo sacerdote?
Entonces Anás lo envió a Caifás, sumo sacerdote.
Otro criado al ver a Pedro le dijo:
-¿No te he visto con él en el huerto?
Pedro volvió a negar.
La tercera vez que preguntaron a Pedro, también lo negó, y enseguida cantó un gallo.
Cuando llevaron a Jesús a Caifás era el amanecer y ellos no entraron.
Salió Pilato afuera donde estaban ellos y dijo:
-¿Qué acusación presentáis contra este hombre?
Le contestaron:
-Si este no fuera un malhechor no te lo entregaríamos.
Pilato les dijo:
-Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.
Los judíos le dijeron:
-¿No estamos autorizados para dar muerte a nadie.
Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
-¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesús le contestó:
-¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?
Pilato replicó:
-¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí, ¿qué has hecho?
Jesús contestó:
-Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo mi guardia me habría librado de los judíos.
Pilato le dijo:
-Con que, ¿tú eres rey?
-Tú lo dices, soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad.
Pilato salió a donde estaban los judíos y les dijo:
-Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre en Pascua poner a un reo en libertad, ¿queréis que os suelte al rey de los judíos?
Gritaron:
-A ese no, a Barrabás.
Barrabás era un bandido.
Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; y por los hombros un manto de púrpura y burlándose de él le decía:
-¡Salve, rey de los judíos!
Y le daban bofetadas.
Lo sacó fuera y Pilato les dijo:
-Mirad, os lo saco fuera para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.
Los guardias gritaron:
-¡Crucifícalo, crucifícalo!
Pilato les dijo:
-Lleváoslo, vosotros y crucificadlo. Yo no encuentro culpa en él.
-¡Fuera, fuera; crucifícalo!
Tomaron a Jesús y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado de la Calavera (que en hebreo se dice Gólgota) donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio a Jesús.
Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la Cruz; en él estaba escrito:
“Jesús, el Nazareno, el rey de los Judíos”.
Le dijeron a Pilato:
-No pongas: “rey de los judíos”, sino: “él ha dicho que es el rey de los judíos”.
Pilato dijo:
-Lo escrito, escrito está.
Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron sus ropas y echaron a suertes su túnica.
Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, la hermana de María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
-Mujer, ahí tienes a tu hijo.
Luego, dijo al discípulo:
-Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Jesús dijo:
-Tengo sed.
Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo se la acercaron a la boca.
Jesús dijo:
-Está cumplido.
E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
PORLA
 

 

 

martes, 26 de marzo de 2013

Sigue la Semana Santa

Seis días antes de la Pascua fue Jesús a Betania a casa de Lázaro a quien había resucitado de entre los muertos. Los quería mucho; Marta, la hermana de Lázaro, le preparó la cena y su hermana María tomo una libra de perfume de nardo, le ungió los pies y se los enjugó con sus cabellos. La casa se llenó de la fragancia.
Judas Iscariote, uno de los discípulos (el que lo iba a entregar), dice: “¿Por qué no se ha vendido este perfume por 300 denarios para dárselos a los pobres?”.
Esto lo decía, no porque le interesaran los pobres sino porque era ladrón y quería el dinero.
“Déjala, lo tenía guardado para el día de mi sepultura, porque a los pobres los tendréis siempre”.
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Otro día, comiendo con sus discípulos, Jesús profundamente conmovido dijo: “Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar”.
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quien lo decía, al que estaba más cerca de él Simón Pedro le hizo señas para que averiguara por quien lo decía. Él le preguntó: “¿Quién es?”.
Le contestó Jesús: “Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado”.
Y se lo dio a Judas.
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Otro día, sería el miércoles, Judas fue a ver a los sumos sacerdotes y les propuso: “¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?”
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces ancaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
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Los discípulos le preguntaron a Jesús: ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?”
El contestó: “Id a la ciudad, a casa de Fulano y decidle: El Maestro dice “Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”.
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
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Estaban celebrando la cena de Pascua, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas lo que tenía que hacer, y Jesús, sabiendo que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro y éste le dijo: “Señor, lavarme los pies tu a mí.”
Jesús le replicó: “Lo que yo hago tu no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.
Pedro le dijo: “No me lavarás los pies jamás”.
Jesús le contestó: “Si no te lavo los pies nada tienes que ver conmigo”.
Simón Pedro le dijo: “Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza”.
Jesús le contestó: “Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos”.
Porque sabía quién lo iba a entregar.
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El Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía”.
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía”.
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Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.
PORLA


 

 

sábado, 23 de marzo de 2013

Domingo de Ramos

Como os prometí, vamos a recordar la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén el domingo de Ramos.
Para ser lo más fiel posible seguiremos el Santo Evangelio (Lucas, 19,28-40).
En aquel tiempo Jesús echó a andar delante subiendo hacia Jerusalén. Al acercarse a Betfagé y Betania y junto al monte llamado de los olivos mandó a dos discípulos diciéndoles:
-Id a la aldea de enfrente, al entrar encontraréis un borrico atado que nadie ha montado todavía, desatadlo y traedlo, y
si alguien os pregunta: ¿por qué lo desatáis?, contestadle:
El Señor lo necesita.
Ellos fueron y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban el borrico los dueños preguntaron: ¿Por qué desatáis el borrico?, ellos contestaron: El Señor lo necesita.
Se lo llevaron a Jesús, lo aparejaron con sus mantos,
y le ayudaron a montar.
Según iban avanzando las gentes alfombraban el camino
con los mantos y cuando se acercaba ya a la bajada del
Monte de los Olivos, la masa de los discípulos,
entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por
todos los milagros que habían visto, diciendo: ¡Bendito el
que viene como Rey en nombre del Señor! Paz en el cielo
y gloria en lo alto.
Algunos fariseos de entre las gentes le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. El replicó: Os digo, que si estos
callan gritarían las piedras.
 
En los próximos días seguiremos recordando más detalles de la Pasión.
PORLA

domingo, 17 de marzo de 2013

Vuelvo a dirigirme a vosotros en Cuaresma

Estamos en la 4ª semana de Cuaresma, esto es, en los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto para orar y prepararse para la Pasión.
Porque ya sabemos que tanto amó “Dios Padre” al mundo que le dio a su Hijo unigénito para que el que crea en Él no perezca sino que tenga la vida eterna.
Fue el precio de nuestra salvación, pues por el pecado de nuestros primeros padres (de desobediencia a “Dios Padre”) todo hombre nacía en pecado.
Vuelvo al principio de la historia de Jesús, al nacimiento, la Navidad que todos celebramos.
Él nació de una Virgen que el Padre escogió entre las jóvenes de Nazaret enviándole un Ángel (Gabriel) y le dijo que sería la Madre de Dios. Ella se turbó pues ella le dijo que no conocía varón. El Ángel le dijo que sería obra del Espíritu Santo y que le pondría por nombre Jesús, y  ella aceptó.
Después de su nacimiento, como todos sabemos, huyó con su familia a Egipto escapando de Herodes que mandó matar a todo niño menor de 2 años. Cuando se enteraron que Herodes había muerto volvieron a Nazaret. Vivió durante 30 años como un hombre normal (excepto en el pecado) con María, su madre, y con José que hacía de padre por mandato de Dios (rebelado a él por un ángel).
Como Él era Hijo de Dios, y por tanto Dios, era la segunda persona de la Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.
Después, con 30 años, dejó el hogar y empezó su vida pública. Recorrió su país de pueblo en pueblo predicando el reino de Dios e invitando a la conversión. Curaba enfermos, los ciegos recobraban la vista, los paralíticos andaban, los leprosos quedaban limpios, resucitaba muertos.
Incluso con 5 panes y 2 peces dio de comer a 5 mil personas.
¡Todo lo hizo bien! Era Dios.
En pago a tanta bondad lo condenaron a muerte. Antes ya había escogido a sus 12 discípulos entre pescadores y les dijo que desde entonces serían pescadores de hombres.
Dejamos aquí la historia con Jesús en el desierto haciendo oración, ayunando y combatiendo con el maligno.
Esta es la Cuaresma que estamos viviendo.
Cuando estemos en Semana Santa os seguiré explicando.
PORLA