domingo, 26 de febrero de 2017

LIBRO SÉPTIMO - CONFESIONES DE SAN AGUSTÍN: Acercándose a Dios (Años 31 - 32)

CAPITULO DECIMO
Comienza a conocer más claramente al Ser divino
16) Amonestado por aquellos libros a volver a mí mismo, entré en mi interior guiado por Vos; y pudelo hacer, porque Vos me ayudasteis. Entré; y con la vista, tal cual es, de mi alma, vi, por encima de la misma vista del alma, y por encima de mi entendimiento, una Luz inconmutable: no esta luz ordinaria y visible a toda carne; ni otra luz de la misma naturaleza, pero más grande, como si nuestra fuese resplandeciendo con mayor y mayor claridad, y lo llenara todo con su grandeza. No era así aquella Luz, sin cosa distinta y muy superior a todo esto. Y no estaba sobre mi entendimiento como el aceite sobre el agua, o como el cielo sobre la tierra; mas estaba sobre mí porque Ella me hizo; y yo debajo de Ella, porque soy hechura suya.
Quien conoce la Verdad, ese conoce esa Luz, y quien la conoce, conoce la eternidad. Conócela la caridad. ¡Oh eterna Verdad, y verdadera Caridad, y cara Eternidad! ¡Vos sois mi Dios! A Vos suspiro de día y de noche. Luego que os conocí, Vos me tomasteis, para que viese que había una cosa que ver, y que yo no era capaz de ver. Y deslumbrasteis mis débiles ojos, reverberando en ellos de lleno: y me estremecí de amor y de horror y halle que estaba yo lejos de Vos en la región de la desemejanza, como si oyera vuestra voz desde lo alto: “manjar soy de grandes: crece y me comerás. Mas no me mudarás tú en ti, como el manjar de tu carne, si no tú te mudarás en Mí”. Y conocí que por el pecado castigaste al hombre, e hiciste secarse como tela de araña mi vida (Ps. 38, 12); y dije: ¿Acaso es nada la Verdad, porque no está difundida por espacios de lugares finitos ni infinitos? Y Vos me respondisteis desde lejos: Antes yo soy el que soy (Ex. 3, 14).
Estoy oí como se oyen las cosas en el corazón sin poder absolutamente dudar; antes dudaría de que vivo, que de no existir aquella Verdad que se descubre por el conocimiento de las cosas creadas (Rom. 1, 20).

CAPITULO ONCEAVO
Como las criaturas son y no son
17) Examiné las demás cosas que están debajo de Vos, y hallé que ni del todo son, ni del todo no son. Son, porque Vos les disteis ser; y no son, porque no son lo que sois Vos. Porque sólo es verdaderamente lo que permanece inconmutable. Mas para mí el unirme a Dios es el bien (Ps. 72, 28); porque si no permaneciese en El, tampoco podré permanecer en mí. Mas Él, permaneciendo en Sí mismo, renueva todas las cosas (Sap. 7, 27), y Vos sois mi Señor, porque no tenéis necesidad de mis bienes (Ps. 15, 2).

PORLA