domingo, 21 de abril de 2013

Volvemos con Jesús


Ya hemos visto una de las apariciones más hermosas de Jesús después de su Resurrección.
El día de su Ascensión a los Cielos es el 12 de Mayo lo que es para todos los católicos una gran conmemoración.
Todo esto pasó hace aproximadamente XX siglos y como ahora estamos viviendo el Año de la Fe vamos a repasar algunas catequesis.
En esta primera veremos como Jesús fue formando su Iglesia.
Después de Jesús, Pedro es el personaje más conocido y citado en los libros sagrados.
Era un judío creyente y observante. Estaba casado y su suegra, curada un día por Jesús, vivía en la ciudad de Cafarnaúm, en la casa en la que también se alojaba Simón Pedro cuando estaba en esa ciudad.
Los Evangelios nos informan de que Pedro es uno de los primeros cuatro discípulos del Nazareno. Cuando Jesús pasa de cinco discípulos a doce, pone de relieve la novedad de su misión: él no es un rabino como los demás, sino que ha venido para reunir al Israel escatológico, simbolizado por el número doce, como el de las tribus de Israel.
Un día Pedro está dedicado a sus labores de pescador. Jesús se encuentra a orillas del lago de Genesaret y la multitud lo rodea para escucharlo. El número de oyentes implica un problema práctico. El Maestro ve dos barcas varadas en la ribera; los pescadores han bajado y lavan las redes.  El entonces pide permiso para subir a la barca de Pedro y le ruega que la aleje un poco de tierra. Sentándose en esa cátedra improvisada se pone a enseñar a la muchedumbre desde la barca.
Cuando acaba de hablar, dice a Pedro:
-Rema mar adentro y echad vuestras redes para pescar.
Pedro responde:
-Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes.
Jesús era carpintero, no experto en pesca, y a pesar de ello Pedro el pescador se fía de este Rabino, que no le da respuestas sino que lo invita a fiarse de él. Ante la pesca milagrosa reacciona con asombro y temor.
-Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.
Jesús responde invitándole a la confianza y a abrirse a un proyecto que supera todas sus perspectivas:
-No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.
Pedro no podía imaginar entonces que un día llegaría a Roma y sería aquí “pescador de hombres” para el Señor.
Un día Jesús planteó a sus discípulos una pregunta:
-¿Quién dicen los hombres que soy?
Por eso insiste:
-Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Es Pedro quien contesta en nombre de los demás:
-Tú eres el Cristo, es decir, el Mesías.
Esta respuesta de Pedro, que no provenía “ni de la carne ni de la sangre”, es decir, de él, sino que se la había donado el Padre que está en los cielos encierra en sí como en germen la futura confesión de fe de la Iglesia.
Dios elige el camino de la transformación de los corazones con el sufrimiento y la humildad. Y nosotros, como Pedro, debemos convertirnos siempre de nuevo.
Debemos seguir a Jesús y no ponernos por delante. Es el Señor quien me dice a mí, quien te dice a ti. Porque él es el camino, la verdad y la vida.
PORLA
 

 

 

lunes, 15 de abril de 2013

Domingo III de Pascua

En este Evangelio de Juan; 21, 1-19 Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades.
 Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:
-Me voy a pescar.
Ellos contestan:
-Vamos también nosotros contigo.
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice:
-Muchachos, ¿tenéis pescado?
Ellos contestaron:
-No.
El les dice:
-Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.
La echaron, y no tenían fuerza para sacarla, por la multitud de peces.
Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro:
-Es el Señor.
Al oír que era el Señor Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.
Jesús les dice:
-Traed de los peces que acabáis de coger.
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:
-Vamos, almorzad.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quien era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo es pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.
Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro:
-Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?
Él le contestó:
-Sí, Señor, tu sabes que te quiero.
Jesús le dice:
-Apacienta mis corderos.
Por segunda vez le pregunta:
-Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
Él le contesta:
-Sí, Señor, tu sabes que te quiero.
Él le dice:
Pastorea mis ovejas.
Por tercera vez le pregunta:
-Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó:
-Señor, tú conoces todo, tu sabes que te quiero.
Jesús le dice:
-Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.
Esto lo dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió:
-Sígueme.
Semejantes a estas apariciones, durante los 40 días que estuvo Jesús en la tierra hubo con sus discípulos.
------------------------------------------------------------------------------
Este año se celebra la Ascensión de Jesús al cielo el 12 de Mayo.
Ya os iré informando en los próximos días.
PORLA

domingo, 7 de abril de 2013

La historia continúa


Os dejé el pasado domingo 31 de marzo con la Resurrección del Señor. Es, para los cristianos católicos, el día más grande pues es la fuerza de nuestra fe.
Ahora vamos a recordar algunos párrafos de los Evangelios del 1 de abril.
 

 
Mateo; 28, 8-15

Las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro. Impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
Alegraos.
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo:
-No tengáis miedo. Id a comunicar a mis discípulos que vayan a Galilea; allí me verán
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes lo que habían visto, y estaban espantados. Ellos se reunieron con los ancianos, y llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma de dinero encargándoles:
-Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros.
Ellos tomaron en dinero y obraron conforme a las instrucciones.
Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.
 

 
Lucas; 24, 13-35

 Otro día dos discípulos iban andando a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
-¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos que se llamaba Cleofás, le replicó:
-¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días?
Él les preguntó:
-¿Qué?
Ellos le contestaron:
-Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabra, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte,  y lo crucificaran; hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres, de nuestro grupo fueron al sepulcro y no encontraron su cuerpo. Y dijeron que unos ángeles les comunicaron que estaba vivo. Entonces Jesús les dijo:
-¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciéndole:
-Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída. Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se los dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron:
-¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las escrituras?
Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén donde estaban sus compañeros. Y decían todos:
-¡Es verdad ha resucitado!
Todo esto sucedió en la primera semana, llamada octava de Pascua.
 

 
Juan; 20, 19-31

En la segunda semana; domingo II de Pascua.
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos, y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
-Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado.
Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
-Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
 Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
-Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedaran perdonados; a quienes se los retengáis, les quedaran retenidos.
Tomás, uno de los doce, llamado el mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
Y los otros discípulos le decían:
-Hemos visto al Señor.
Pero él les contestó:
-Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
-Paz a vosotros.
Luego dijo a Tomás:
-Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás:
-¡Señor mío y Dios mío!
Jesús le dijo:
-¿Por qué me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en estos Evangelios, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que,
creyendo, tengáis vida en su nombre.
 

 
Próximamente, seguiremos recordando la III semana que Jesús pasó en la tierra, antes de subir al cielo.

                PORLA