Ya hemos
visto una de las apariciones más hermosas de Jesús después de su Resurrección.
El día
de su Ascensión a los Cielos es el 12 de Mayo lo que es para todos los católicos
una gran conmemoración. Todo esto pasó hace aproximadamente XX siglos y como ahora estamos viviendo el Año de la Fe vamos a repasar algunas catequesis.
En esta primera veremos como Jesús fue formando su Iglesia.
Después de Jesús, Pedro es el personaje más conocido y citado en los libros sagrados.
Era un judío creyente y observante. Estaba casado y su suegra, curada un día por Jesús, vivía en la ciudad de Cafarnaúm, en la casa en la que también se alojaba Simón Pedro cuando estaba en esa ciudad.
Los Evangelios nos informan de que Pedro es uno de los primeros cuatro discípulos del Nazareno. Cuando Jesús pasa de cinco discípulos a doce, pone de relieve la novedad de su misión: él no es un rabino como los demás, sino que ha venido para reunir al Israel escatológico, simbolizado por el número doce, como el de las tribus de Israel.
Un día Pedro está dedicado a sus labores de pescador. Jesús se encuentra a orillas del lago de Genesaret y la multitud lo rodea para escucharlo. El número de oyentes implica un problema práctico. El Maestro ve dos barcas varadas en la ribera; los pescadores han bajado y lavan las redes. El entonces pide permiso para subir a la barca de Pedro y le ruega que la aleje un poco de tierra. Sentándose en esa cátedra improvisada se pone a enseñar a la muchedumbre desde la barca.
Cuando acaba de hablar, dice a Pedro:
-Rema mar adentro y echad vuestras redes para pescar.
Pedro responde:
-Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes.
Jesús era carpintero, no experto en pesca, y a pesar de ello Pedro el pescador se fía de este Rabino, que no le da respuestas sino que lo invita a fiarse de él. Ante la pesca milagrosa reacciona con asombro y temor.
-Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.
Jesús responde invitándole a la confianza y a abrirse a un proyecto que supera todas sus perspectivas:
-No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.
Pedro no podía imaginar entonces que un día llegaría a Roma y sería aquí “pescador de hombres” para el Señor.
Un día Jesús planteó a sus discípulos una pregunta:
-¿Quién dicen los hombres que soy?
Por eso insiste:
-Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Es Pedro quien contesta en nombre de los demás:
-Tú eres el Cristo, es decir, el Mesías.
Esta respuesta de Pedro, que no provenía “ni de la carne ni de la sangre”, es decir, de él, sino que se la había donado el Padre que está en los cielos encierra en sí como en germen la futura confesión de fe de la Iglesia.
Dios elige el camino de la transformación de los corazones con el sufrimiento y la humildad. Y nosotros, como Pedro, debemos convertirnos siempre de nuevo.
Debemos seguir a Jesús y no ponernos por delante. Es el Señor quien me dice a mí, quien te dice a ti. Porque él es el camino, la verdad y la vida.
PORLA


