CAPITULO PRIMERO
Cómo se
imaginaba el Ser de Dios.
1) Ya era muerta mi adolescencia, mala y nefanda, y
entraba yo en la juventud, cuanto mayor en edad, tanto más repugnante por la
vanidad; que no podía concebir, oh Dios, en figura de cuerpo humano; desde que
empecé a oír algo de la sabiduría, siempre hui de esto, y me alegraba de
hallarlo así en la fe de nuestra madre espiritual, y vuestra Iglesia católica.
Pero no se me ocurría de qué otra manera concebiros. Y aunque hombre, ¡y tal
hombre! esforzábame por representarme a Vos, sumo, solo y verdadero Dios; y con
lo más íntimo de mi ser os creía incorruptible, inviolable e inconmutable;
porque sin saber de dónde, ni cómo, veía, sin embargo, claramente y estaba
cierto de que lo que puede recibir daño posponíalo sin vacilación a lo que no
puede recibirlo; y lo que no está sujeto a mudanza creíalo mejor que lo que
puede mudarse.
Violentamente clamaba mi corazón contra todos mis
fantasmas, y con este solo golpe me esforzaba por ahuyentar de la vista de mi
mente aquel tropel de aves inmundas que revoloteaban en torno; y apenas
apartado, en un parpadear, he aquí que, amontonada de nuevo, se presentaba y
caía sobre mi vista, y la anublaba de suerte, que si bien no en forma de cuerpo
humano, me veía forzado a concebir, como algo corpóreo, que se extendía por
espacios de lugares, o infundido en el mundo, o también fuera del mundo difundido
por el infinito, aquel mismo Ser incorruptible, inviolable e inconmutable, que
yo prefería a lo corruptible, violable y mudable. Porque todo lo que yo
despojaba de tales dimensiones en el espacio, me parecía que era nada, pero
absolutamente nada, ni siquiera el vacío; como si se quitase de un lugar un
cuerpo, y quedase el lugar enteramente vacío de todo cuerpo sólido, líquido,
aéreo o celeste; pero al fin quedase el lugar vacío, como una nada espaciada.
2) Así, pues, englosado el corazón (Mt. 13, 15), y
sin entenderme a mí mismo, pensaba que todo lo que no se extendiese o
difundiese por determinados espacios, lo que no se conglobase o hinchase, y lo
que no recibiese o pudiese recibir algo de esto, no era absolutamente nada. Porque
cuales eran las formas por donde suelen andar mis ojos, tales eran las imágenes
por donde andaba mi espíritu. Y no echaba de ver que esta misma actividad con
que formaba tales imágenes no era corpórea; y que, sin embargo, no formara
tales imágenes, si no fuera algo excelente.
Así también pensaba que Vos, Vida de mi vida,
grande por espacios infinitos, penetrabais por todas partes toda la mole del
mundo, y fuera de ella en todas direcciones la inmensidad sin límites dentro de
Vos, mas Vos no los teníais en parte alguna. Pues así como el cuerpo del aire,
de este aire atmosférico que rodea la tierra, no es obstáculo a la luz del sol,
para que pase por él, penetrándolo, no rompiéndolo ni rasgándolo, sino llenándolo
todo de su claridad; así pensaba yo que para Vos, no solo el cuerpo del cielo y
el del aire y del mar, sino también el de la tierra, era permeable, y en todas
sus partes, grandes y pequeñas penetrable, para recibir vuestra presencia, que
con secreto aliento gobierna de dentro y de fuera todas las cosas que
creasteis.
Esto imaginaba, porque no podía pensar otra cosa;
pero era falso. Porque de ser así, la parte mayor de la tierra tendría mayor
parte de Vos, y menor la menor, y de tal modo estarían todas las cosas llenas
de Vos que el elefante tendría tanto más de Vos que el pájaro, cuanto es más
grande que éste y ocupa mayor lugar.
Y así estaríais presente a pedazos, grandes en las
partes grandes del mundo, y pequeños, en las pequeñas. ¡Y no es así! Mas,
entonces, aun no habíais iluminado mis tinieblas (Ps. 17, 29).
CAPITULO SEGUNDO
Argumento de
Nebridio contra los maniqueos.
3) Bastábame, Señor, contra aquellos engañados
engañadores, y habladores mudos (pues no sonaba vuestra palabra en su boca),
bastábame, pues el argumento, que desde muy atrás, desde Cartago, solía poner
Nebridio, y que todos los que le oímos quedamos impresionados: “¿Qué hubiera
podido hacer contra Vos aquel no sé qué engendro de las tinieblas que los
maniqueos suelen oponeros de parte de la mole contraria, si Vos no hubierais
querido pelear contra él?” Porque si respondían que os podría hacer algún daño,
Vos seríais violable y corruptible. Y si decían que en nada os podía dañar, no había
razón alguna para pelear, y pelear de tal suerte, que una porción vuestra, un
miembro vuestro o mole de vuestra propia sustancia, se mezclase con las
potestades adversas y con naturaleza no creadas por Vos, y quedase de tal modo
corrompido y deteriorado por ellas, que su bienaventuranza se trocara en
desdicha, y tuviese necesidad de auxilio para ser libertada y purificada.
Tal decían que era el alma humana, a la cual vino a
socorrer vuestro Verbo, el libre a la esclava, el puro a la contaminada, el
íntegro a la corrompida; pero él también corruptible, puesto que procedía de una
misma sustancia.
Así, pues: Si dicen que Vos –seáis el que fuereis-,
esto es, que vuestra sustancia, por la cual sois, es incorruptible, todas aquellas
cosas (que dicen sobre la lucha del bien y del mal) son falsas y execrables; si
corruptible, eso mismo es falso, y desde la primera palabra, abominable.
Bastábame, pues, este argumento contra ellos, para
vomitarlos totalmente de mi pecho oprimido; pues sintiendo y diciendo de Vos
tales cosas, no tenían por dónde salir sin horrible sacrilegio de corazón y de
lengua.
PORLA

