A partir de ahora quiero compartir con vosotros las
Confesiones de San Agustín.
CAPITULO PRIMERO (Invocación)
1) ¡Grande sois, Señor, y muy digno de alabanzas (s. 144, 3);
grande vuestro poder, e infinita vuestra sabiduría! (Ps. 146, 5) ¡Y os quiere
alabar el hombre, alguna parte de vuestra creación: el hombre que lleva por
todas partes la marca de su pecado y el testimonio de que Vos resistís a los
soberbios! (1)
Con todo, quiere alabaros el hombre, alguna parte de vuestra
creación. Vos le despertáis para que se deleite en alabaros; pues nos hicisteis
para Vos, y nuestro corazón anda desasosegado hasta que descanse en Vos.
Dadme, Señor, a conocer y entender ¿qué es primero:
invocaros, o alabaros?; ¿qué es primero: conoceros, o invocaros? Pero ¿quién os
invocaría si no os conoce? Pues no conociéndoos, podrá invocar una cosa por
otra.
¿O es, más bien, que sois invocado para ser conocido?
Mas ¿cómo invocarían a Aquel en quien no han creído? Y ¿cómo
creerán sin predicador? (Rom. 10, 14) Y alabaran al Señor los que le buscan.
Porque los que le buscan le hallarán (Mt, 7,8) y hallándole, le alabarán.
¡Búsqueos yo, Señor, invocándoos; invoqueos yo creyendo en
Vos; pues ya me habéis sido predicado! A Vos, Señor, invoca mi fe, la fe que me
disteis, la que me inspirasteis por la humanidad de vuestro Hijo, por el
ministerio de vuestro predicador (3).
CAPITULO SEGUNDO
Que Dios está en el hombre y el hombre en Dios.
2) Mas ¿cómo invocaré yo a mi Dios, a mi Dios y mi Señor? Porque sin duda, cuando le invocare le llamaré para que venga a mi (1). Y ¿qué lugar hay en mí, a donde venga a mi Dios a mí? ¿a dónde Dios venga a mí, el Dios que hizo el cielo y la tierra? (Gen. 1, 1) ¿Es verdad que hay algo en mí, Señor Dios mío, donde Vos podáis caber? ¡Por ventura pueden conteneros los cielos y la tierra que hicisteis, y en que me hicisteis? ¿O será qué, pues nada de lo que tiene ser existirá sin Vos, resulta que todo lo que existe os tiene dentro de sí? Pues teniendo yo ser ¿por qué os suplico que vengáis a mí, pues no los tendría si no estuvieseis en mí.
Todavía no estoy yo en el infierno; y aun allí estáis Vos; porque si descendiese al infierno, allí estáis (Ps. 138, 8). No sería yo, pues Dios mío, absolutamente no sería yo, si Vos no estuvieseis en mí (2).
¿O será más bien que no existiría yo si no estuviese en Vos, de quien, por quien y quien tienen ser todas las cosas? (Rom. 11, 36).
Así es también, Señor, así es también. Pues ¿adónde os llamo, si yo no estoy en Vos?, o ¿de dónde habéis de venir a mí? Porque ¿a qué lugar iré fuera del cielo y de la tierra, para que desde él venga a mí mi Dios, que dijo: Yo lleno cielo y tierra? (Terem. 23, 24)
2) Mas ¿cómo invocaré yo a mi Dios, a mi Dios y mi Señor? Porque sin duda, cuando le invocare le llamaré para que venga a mi (1). Y ¿qué lugar hay en mí, a donde venga a mi Dios a mí? ¿a dónde Dios venga a mí, el Dios que hizo el cielo y la tierra? (Gen. 1, 1) ¿Es verdad que hay algo en mí, Señor Dios mío, donde Vos podáis caber? ¡Por ventura pueden conteneros los cielos y la tierra que hicisteis, y en que me hicisteis? ¿O será qué, pues nada de lo que tiene ser existirá sin Vos, resulta que todo lo que existe os tiene dentro de sí? Pues teniendo yo ser ¿por qué os suplico que vengáis a mí, pues no los tendría si no estuvieseis en mí.
Todavía no estoy yo en el infierno; y aun allí estáis Vos; porque si descendiese al infierno, allí estáis (Ps. 138, 8). No sería yo, pues Dios mío, absolutamente no sería yo, si Vos no estuvieseis en mí (2).
¿O será más bien que no existiría yo si no estuviese en Vos, de quien, por quien y quien tienen ser todas las cosas? (Rom. 11, 36).
Así es también, Señor, así es también. Pues ¿adónde os llamo, si yo no estoy en Vos?, o ¿de dónde habéis de venir a mí? Porque ¿a qué lugar iré fuera del cielo y de la tierra, para que desde él venga a mí mi Dios, que dijo: Yo lleno cielo y tierra? (Terem. 23, 24)
PORLA


