La Sagrada Familia no sólo forma parte del perfil
urbano de Barcelona, sino que de la mano de Gaudí se convierte en una obra
emblemática que atrae diariamente a miles de personas de todos los pueblos del
mundo. Aunque el arquitecto fue tomando conciencia progresiva de la importancia
de su misión, lo que no podría sospechar es que su proyecto tuviera la
significatividad y la resonancia creciente que actualmente tiene. Aquella
inspiración que le venía de Dios se convierte verdaderamente elocuente y
proféticamente actual.
Así, el templo expiatorio es casa, altar y
testimonio para muchos que vienen o vendrán a él.
“Un templo, la única cosa digna de representar el sentir de un pueblo, ya que la religión es la cosa más elevada en el hombre”.
Como dice Benedicto XVI, “cuando la fe,
especialmente celebrada en la liturgia, se encuentra con el arte, se crea una
sintonía profunda porque ambas pueden y quieren hablar de Dios, haciendo
visible al invisible”. El templo de la Sagrada Familia, en la estela de las
antiguas catedrales románicas y góticas, es un ejemplo elocuente de esta
síntesis. La fe cristiana plantea una transformación en el concepto del templo
de piedra, antiguo lugar sagrado del sacrificio. El nuevo templo es Jesucristo,
que es el amor de Dios derramado sobre los seres humanos. Él con su vida es el
templo nuevo y vivo. Nosotros estamos edificados sobre el cimiento de los
apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo” (Ef 2,20). Por
eso, el templo cristiano es para la celebración litúrgica, por la cual se
convierte en un paz y reconciliación donde a través de la Eucaristía, Dios
abraza en Cristo al mundo por medio de la Iglesia reunida.
El templo cristiano salió de las catacumbas y de
las casas (Dumus ecclesiae o Domus Dei) para convertirse en basílica. Las más
sencillas, con una sala rectangular cubierta de madera, fueron creciendo en
tamaño así como variando en forma y materiales, especialmente en Oriente donde
aparecieron mosaicos, frescos y cúpulas definiendo lo que sería el arte
bizantino.
Antonio Gaudí decía: “yo he ido a tomar la
arquitectura allá donde la dejó el estilo bizantino”. Así, el templo de la
Sagrada Familia se presenta como una gran montaña de piedra para el
acercamiento a Dios en una verticalidad marcada por las doce torres que
representan a los apóstoles y los seis cimborrios que representan a Cristo, el
de más altura, a María y a los cuatro evangelistas. Esto implica que el
simbolismo se desplaza también a la arquitectura y cada elemento de la
estructura forma parte de una finalidad significativa. Un pequeño detalle, la
altura máxima será un poco más baja que Montjúic, y así la obra del hombre no
rebasara la de su creador.
Esta estrecha relación de la Sagrada Familia con
los orígenes de la arquitectura cristiana también incorpora el período de las
catedrales románicas y góticas, que a partir del final del siglo X y desde la
tutela monacal comienzan a extenderse. El hecho de que abundaran más las
imágenes tuvo en su origen una intención catequética y así algunos elementos
del interior salen al exterior en sus portales. De esta forma, en el románico
se subraya que Cristo es la puerta que lleva al cielo; mientras que en los
portales góticos los motivos se diversifican y los temas bíblicos y teológicos
se multiplican aportando un fuerte simbolismo. Esta salida del retablo a la
calle es una de las líneas de continuidad con la Sagrada Familia. Pero en este
caso, la novedad procede de que las tres portadas realizan una catequesis
global que, desde Cristo encarnada, crucificado y glorioso, contempla el
misterio de Dios y desvela el rostro del hombre hasta convertirlo en compromiso
moral.
2.- Iglesia
como casa y familia de Dios
“La Iglesia se sirve de todas las artes, tanto del espacio (arquitectura, escultura, pintura, orfebrería…) como del tiempo (poesía, cantos, música…). La liturgia nos da lecciones de la más depurada estética”
En medio de las divisiones y los encuentros, los
retos y las amenazas de nuestro mundo, la Iglesia se ofrece como casa para la
familia de Dios, convocada por su amor para toda la humanidad.
El templo es la casa donde la Iglesia celebra la
liturgia. Así la arquitectura y todas las artes se ponen al servicio de la
celebración. El interior del templo se orientará principalmente a ella. La nave central estará
constituida como un bosque plantado frente al trono de Dios. Las columnas, representando
las diócesis del mundo, recordarán la arboleda del Apocalipsis y la visión del
profeta: “Al borde del torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles
frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus
frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del
santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio” (Ez 47,12).
El altar mayor, donde se consuma la presencia de Cristo, será visible ante todo
el Pueblo de Dios y allí convergerá espontáneamente la atención de la asamblea
de fieles.
Por ello, Gaudí cuando explicaba la Sagrada Familia
a los visitantes les contaba imaginativamente cómo se celebraría el culto a
Dios en ella. Las ceremonias solemnes convocarían a toda la Iglesia diocesana
que vendría desde los distintos lugares de oración y celebración a este gran
espacio donde, con el obispo en la cátedra, los sacerdotes rodeándole, el
pueblo reunido celebraría la liturgia entre el cielo y la tierra.
La luz, generosa e intensa, encima del altar
proviene de los grandes ventanales del cimborrio, iluminando el gran crucero,
desde el que se contemplaría como visión principal la Santísima Trinidad. A la
vez desde los ventanales del ábside, del crucero y las naves, se ofrece una luz
armoniosa y moderada hacia el bosque de columnas. Desde allí las vidrieras
muestran sus colores y sus representaciones a la asamblea reunida. Mientras, la
schola cantorum ubicada en las gradas escalonadas en lo alto, desde los
triforios, cantan la alabanza que es armonizada por los órganos y alegrada por
el sonido de los doce torres con sus campanas. Así, la vez de la liturgia se
hará oír desde toda Barcelona, con los variados sones del carrillón gigante que
forman los distintos tipos de campanas tubulares, con tubería de órgano o
normales.
La Iglesia convertida en fiesta celebrar, como en
la Jerusalén celeste, la unidad de la familia de hermanos en torno a su Dios.
Desde ella se ofrece como signo y sacramento de unidad a la ciudad de todos los
pueblos.
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Esta vez desplegamos la tercera parte en dos catequesis.
La primera, como habéis visto, centrada en el significado de la Sagrada Familia
como templo para reunir a la comunidad en la liturgia de alabanza.
La segunda se centrará en la actualidad de la
Sagrada Familia como modelo para las familias, la Iglesia y la sociedad. La
veremos en breve.
PORLA