lunes, 24 de diciembre de 2012

¡Navidad! ¡Dios con nosotros!¡Aleluya!¡Aleluya!


¡Alegrémonos, amigos! Querida familia de la Divina Misericordia: ¡oh si comprendiéramos mejor ese gran milagro! ¡Si nos fuera permitido levantar un poco el velo! ¡Maravillas de Dios! ¡Amor divino! Incomprensible, ¡qué insignificantes somos, qué limitados! a veces nos pensamos saberlo todo, confiamos en nuestras escasas luces, indagamos, buscamos respuestas en la ciencia, en insignes personajes, engreídos,  los ponemos en un pedestal. Bombardeados por los medios de comunicación, por partidos políticos, sindicatos, etc., poco a poco vamos perdiendo el rumbo. ¡Pobrecitos de nosotros! Olvidamos lo más importante, y lo peor es que se tergiversan las cosas, nos quieren “comer el coco”. El maligno es sumamente astuto. ¡Alerta! “Buscad primero el Reino de Dios”…
¡Alerta! porque…. Navidad es ¡Dios con nosotros! Es el cumplimiento de todas las promesas del Antiguo Testamento, ¡el Mesías prometido!, la restauración de todas las cosas en Dios, del único y verdadero Dios, que siendo felicísimo en sí mismo, desea otorgar esa felicidad al Hombre. Meditémoslo, Dios llama a tu puerta.
Repasemos la historia, leamos la Biblia, catequicémonos, oremos a Dios para que nos envíe su Espíritu y nos ilumine con la luz de la Verdad. En medio de las tempestades de este mundo hagamos un esfuerzo, silenciemos la mente, ¡hermano, abre el corazón a Dios! O… si tienes dudas, ¡abre tu corazón a ese… Dios desconocido! desconocido para ti, pero como Abraham, lo buscas inconscientemente. Los antiguos paganos e idólatras ante la evidencia de la existencia de otro Dios, del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, de ese Dios del que otros habían dado fiel testimonio, que no tenía nombre ni le podían tocar, dejaban un lugar vacío en un pedestal y debajo escribían: “Al Dios desconocido”.


Pero… sea cual sea tu fe, fuerte o débil, ¡abre tu corazón! Déjate invadir por el silencioso abrazo de Dios, del Creador del Universo, y suplícale, adórale, adórale, adórale, adórale… Escúchale, Él habla en silencio a tu espíritu, no le desoigas, acógele y adórale, adórale, adórale, abandónate a su acción y adórale, adórale, adórale, adórale.
                                                                                          PORLA
 



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