1. Origen,
tiempo y lugar del nacimiento del Mesías
En muchos pasajes del Antiguo Testamento se lee que el Mesías nacería de la tribu de Judá y de la estirpe de David. Jacob, al morir, señaló el tiempo del nacimiento del Mesías con estas palabras: “El cetro, esto es, la potestad soberana y el poder legislativo, no saldrá de Judá, ni el principado de su potestad hasta la venida de AQUEL que debe ser enviado, y ÉSTE será el esperado de las gentes” (Gen. C. 49). Daniel anunció que no pasarían 490 años antes de su venida y de su muerte (Dan. C. 9). Miqueas predijo que nacería en Belén (Miq. C. 5).
Cumplimiento: Si echamos una ojeada a la genealogía del Salvador, tal como se halla en el Evangelio, veremos que Jesucristo era de la tribu de Judá y de la estirpe de David, que nació en Belén cerca de treinta y cinco años antes de cumplirse el tiempo anunciado por Daniel, cuando un príncipe extranjero, Herodes, natural de Idumea, reinaba en la tribu de Judá.
Cumplimiento: Los que han leído el Evangelio saben que Jesucristo nació por obra del Espíritu Santo, de una Virgen llamada María; que nació en un pesebre; vivió del trabajo de sus manos, y que todas las virtudes, pero especialmente la bondad y la dulzura, constituyeron su carácter.
Cumplimiento: En el curso de esa historia veremos cómo Jesucristo pasó los tres últimos años de su vida ocupado en la obra de la predicación y obrando muchísimos milagros; y que los fariseos, los sacerdotes y los ancianos del pueblo judío le contradijeron siempre y le persiguieron cruelmente.
El profeta David predijo que se levantaría contra el Mesías una furiosa persecución; que le taladrarían las manos y los pies; que sus huesos crujirían por la violencia de los tormentos, que le harían padecer; que sería encarnecido y burlado en medio de sus padecimientos; que se dividirían sus vestiduras y se echarían suertes sobre ellas (Salmo 21).
Cumplimiento: El mismo Jesucristo, antes de su muerte, declaró muchas veces que moriría por su voluntad. Dijo también que daría su vida por la salvación de los hombres. A las calumnias, injurias y ultrajes de sus enemigos contestó con el silencio, con su mansedumbre fundó su Iglesia y fue Jefe de todos los justos, que fueron y son todavía sus principales miembros.
Los príncipes de los sacerdotes se coaligaron contra Jesús para darle muerte. Le colgaron en la cruz traspasando sus manos y pies con agudos clavos, y permanecieron al pie de la cruz para insultarle mientras padecía los más agudos tormentos.
Los soldados que le habían crucificado dividieron entre sí sus vestiduras y echaron suertes sobre ellas.
Cumplimiento: Los cuatro Evangelios están acordes en afirmar que Jesucristo realmente resucitó tres días después de su muerte, así como Él lo había predicho.
Acerca de este milagro no puede caber duda alguna, como veremos en el curso de la historia.
En muchos pasajes del Antiguo Testamento se lee que el Mesías nacería de la tribu de Judá y de la estirpe de David. Jacob, al morir, señaló el tiempo del nacimiento del Mesías con estas palabras: “El cetro, esto es, la potestad soberana y el poder legislativo, no saldrá de Judá, ni el principado de su potestad hasta la venida de AQUEL que debe ser enviado, y ÉSTE será el esperado de las gentes” (Gen. C. 49). Daniel anunció que no pasarían 490 años antes de su venida y de su muerte (Dan. C. 9). Miqueas predijo que nacería en Belén (Miq. C. 5).
Cumplimiento: Si echamos una ojeada a la genealogía del Salvador, tal como se halla en el Evangelio, veremos que Jesucristo era de la tribu de Judá y de la estirpe de David, que nació en Belén cerca de treinta y cinco años antes de cumplirse el tiempo anunciado por Daniel, cuando un príncipe extranjero, Herodes, natural de Idumea, reinaba en la tribu de Judá.
2. Nacimiento,
estado y carácter del Mesías
Isaías (cap. 7) anunció que el Mesías debía nacer
de una Virgen: Zacarías, que sería pobre, pero que se distinguiría entre los
demás hombres, sobre todo por su dulzura (cap. 9).Cumplimiento: Los que han leído el Evangelio saben que Jesucristo nació por obra del Espíritu Santo, de una Virgen llamada María; que nació en un pesebre; vivió del trabajo de sus manos, y que todas las virtudes, pero especialmente la bondad y la dulzura, constituyeron su carácter.
3. Milagros
del Mesías
Isaías dice claramente que el Mesías obraría
prodigios jamás vistos, y que, esto no obstante, sus compatriotas, que más que
ninguna otra gente debían creerle, le harían grandísima oposición (Isaías, cap.
6, 8, 35).Cumplimiento: En el curso de esa historia veremos cómo Jesucristo pasó los tres últimos años de su vida ocupado en la obra de la predicación y obrando muchísimos milagros; y que los fariseos, los sacerdotes y los ancianos del pueblo judío le contradijeron siempre y le persiguieron cruelmente.
4. Los
judíos perseguirían al Mesías y le darían muerte
Dice Isaías que el Mesías se entregaría
espontáneamente en manos de sus perseguidores y que, en medio de los
oprobios y tormentos, callaría cual
inocente cordero; que sus llagas y su muerte salvarían al mundo y que sus
padecimientos y su muerte le harían padre de una muchedumbre de justos (Isaías,
cap. 53).El profeta David predijo que se levantaría contra el Mesías una furiosa persecución; que le taladrarían las manos y los pies; que sus huesos crujirían por la violencia de los tormentos, que le harían padecer; que sería encarnecido y burlado en medio de sus padecimientos; que se dividirían sus vestiduras y se echarían suertes sobre ellas (Salmo 21).
Cumplimiento: El mismo Jesucristo, antes de su muerte, declaró muchas veces que moriría por su voluntad. Dijo también que daría su vida por la salvación de los hombres. A las calumnias, injurias y ultrajes de sus enemigos contestó con el silencio, con su mansedumbre fundó su Iglesia y fue Jefe de todos los justos, que fueron y son todavía sus principales miembros.
Los príncipes de los sacerdotes se coaligaron contra Jesús para darle muerte. Le colgaron en la cruz traspasando sus manos y pies con agudos clavos, y permanecieron al pie de la cruz para insultarle mientras padecía los más agudos tormentos.
Los soldados que le habían crucificado dividieron entre sí sus vestiduras y echaron suertes sobre ellas.
5. El Mesías
resucitaría
Isaías predijo que le sepulcro del Mesías sería
glorioso; David dijo que Dios no permitiría que su carne padeciera corrupción
(Salmo 15).Cumplimiento: Los cuatro Evangelios están acordes en afirmar que Jesucristo realmente resucitó tres días después de su muerte, así como Él lo había predicho.
Acerca de este milagro no puede caber duda alguna, como veremos en el curso de la historia.
A partir de ahora repasaremos la Liturgia para este tiempo.
Segunda semana de Adviento.
Los profetas mantenían encendida
la esperanza de Israel.
Nosotros, como un símbolo,
encenderemos estos dos cirios.
El tronco cortado está rebrotando,
el desierto está de fiesta, la estepa florece.
La humanidad entera se estremece
porque Dios se ha sembrado
en nuestra carne.
Que cada uno de nosotros, Señor,
te abra su vida para que brotes,
para que florezcas, para que nazcas,
y mantengas la esperanza
encendida en nuestro corazón.
¡Ven Señor, no tardes más!
¡Ven, Salvador!
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Ya estamos en la Tercera semana de Adviento.
No olvidemos que es tiempo de esperanza, espera y conversión.
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Cuarta semana de Adviento y
última, de preparación para la Navidad.
Escucha, Señor, la oración de tu
pueblo, alegre por la venida de tu Hijo en carne mortal, y haz que cuando
vuelva en su gloria, al final de los tiempos, podamos alegrarnos de escuchar de
sus labios la invitación a poseer el reino eterno.
PORLA

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