“Vuela, niño… no te derrumbes.
-Sí, no te derrumbes:
Aunque estés inmerso en un mundo de dificultades;
Aunque tu corazón experimento y sienta la soledad;
Aunque tu vida sea dura, difícil, compleja.
-No te derrumbes:
Aunque nadie te escuche ni atienda ni haga caso de ti,;
Aunque te nieguen la palabra, la mirada, una sonrisa;
Aunque te regateen la compresión, el afecto, la ternura.
-No te derrumbes:
Si estás pegado junto al muro de las lamentaciones;
Si han obrado contigo un buen número de injusticias;
Si experimentas la amargura del abandono, sufres y lloras.”
El acto de fe resulta cómodo y fácil cuando no hay dificultades, como el que está bien arrellanado en un sillón y lee tranquilamente la narración de las expediciones peligrosas al Polo Norte”, escribe el dominico P. Garrastachu, “mas cuando llega la hora del dolor, del sufrimiento, de la prueba, es menester avivar de veras la fe para no derrumbarse y así permanecer en paz con uno mismo y sumiso a la voluntad de Dios”.
¡Anda, no te derrumbes!¡Mira y vuela hacia arriba!
Mª Ángeles

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