“Es bueno empezar la jornada diaria por una dosis de ternura que perfume las acciones de todo el día… hasta la noche”.
Marcel Pagnol, escritor, recuerda con sumo agrado los años de su infancia. Dice:
“En mi familia había respeto y ternura”.
J. L. Borges escribe sobre la serenidad y la ternura de unos versos de un poeta:
“Respiran una serenidad y una ternura que encierran algo de divino”.
- Todos recordamos el perfume benefactor, inigualable, de las ternuras recibidas en nuestra infancia y a lo largo de la vida.
- Todos vamos por la calle, en reuniones, en el trato personal… con la esperanza de que nos caiga –en nuestra boca, siempre abierta y reseca- unas gotas de ternura: de buena acogida, de cordialidad, de afecto, de amor.
- Con un poco de ternura… se puede se puede llegar al otro, consolarlo, ayudarlo.
- Con un poco de ternura… se puede levantar al humilde, auparle, empujarle.
- Con ternura puesta en nuestra sonrisa, en nuestro rostro, en nuestra voz, en nuestros gestos y actos… podemos hacer llegar al otro –a quien sufre- un poco de la inmensa ternura de Cristo.
- San Cipriano (210-218) decía:
“Dios no escucha la voz… sino el corazón”.
Mª Ángeles

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