Si vamos más allá de las informaciones habituales
sobre Gaudí, que resaltan tanto su genialidad como su carácter un tanto
pintoresco, descubrimos a otro Gaudí bastante desconocido. Lo cierto es que la
trascendencia de su obra nos ha llevado a preguntarnos por los resortes íntimos
de su persona y, como ocurre frecuentemente, al enfrentarnos a los motivos
profundos de su vida descubrimos que la interpretación de sus realizaciones
cobra otra perspectiva mucho más significativa. Más allá de los detalles y de
las novedades técnicas hay una rica experiencia que se despliega en su misión
de artista que quiere mostrar en su obra
la huella del creador.
I EL LAICO COMPROMETIDO CON SU MUNDO
Gaudí es un modelo sugerente para el creyente
actual. El estudio y el contraste con los testigos que más íntimamente le
trataron, tanto humana como espiritualmente, es esclarecedor, todos son
concordes en señalar la admiración que suscitaba más allá de su trabajo. La
asistencia masiva a su funeral y los muchos testimonios de valoración entre los
sectores más diversos, indican hasta qué punto se había convertido para sus
conciudadanos en un referente de integridad y de convicción. Y esto resulta más
sorprendente cuando sabemos que fue recogido como un mendigo, tras ser
atropellado, y moría como un pobre en el hospital de los pobres. Como un
creyente sencillo y coherente que desplegó una misión que aún continúa. Desde
esta perspectiva merece la pena rastrear en algunos rasgos de su vida laical de
la que podemos afirmar que llegó a “contribuir desde dentro, igual que la
levadura, a la santificación del mundo” (Lumen Gentium, n. 31).
“Para hacer bien las cosas, es necesario: primero,
el amor a ellas, segundo, la técnica”.
Este es el rasgo de su personalidad que más le
identificaba, en la medida en que comprendió su profesión como una misión.
A esta conciencia fue llegando progresivamente, y a
ello estuvo especialmente ligado al proyecto de la Sagrada Familia. Aunque ya
desde los comienzos resaltó por la originalidad de sus propuestas y la
coherencia de sus convicciones. Curiosamente el tribunal de la escuela de
arquitectura que le otorgó el título tenía conciencia perpleja de esta
peculiaridad.
Los encargos civiles y eclesiásticos abundan entre
sus obras, pero paulativamente se da una tendencia mayor a lo religioso, y de
forma especial a la Sagrada Familia, que es la receptora de todos sus ensayos y
descubrimientos. Todo esto supuso renuncias atrayentes como el proyecto para
construir un gran hotel en Nueva York, según una oferta de 1908 por parte de
empresarios norteamericanos.
Esta orientación del discernimiento nos indica
hasta qué punto iba comprendiendo su trabajo como vocación, y cómo de forma
cada vez más explícita marcaba sus elecciones y su trabajo cotidiano. La dedicación
constante de horas y esfuerzo, así como el uso de los bienes en función de este
fin, indican hasta qué punto tenía conciencia de su misión.
2.- El sentido de Iglesia
“La Iglesia no para de construir y por eso su
cabeza es el Pontífice –que quiere decir que hace puentes-, los templos son
puentes para llevar a la Gloria”.
Gaudí, durante toda su vida, estuvo rodeado de
creyentes que marcaron y acompañaron su camino. Primero sus padres de
religiosidad sencilla, más tarde su maestro y mentor Joan Martorell, después mantuvo
relación de amistad con intelectuales creyentes como el sacerdote-poeta Jacint
Verdaguer o escritor Joan Maragall, pero sobretodo su amigo e inspirador Torras
i Bages, obispo de Vic.
Además, distintos sacerdotes fueron guías,
consejeros y colaboradores como el futuro santo el P. Enric de Ossó, los
oratorianos P. Lluís Maria de Valls y P. Austí Mas, el jesuita P. Casanovas o
el sacerdote diocesano responsable de la Sagrada Familia mosén Gil Parés. Esta trama
de relaciones hace de Gaudí un hombre vinculado cordialmente a la Iglesia de su
época.
Lo que no quita que tuvo que afrontar algunas
dificultades, como cuando el obispo Morgades le exigió tempranamente los planos
globales del edificio o cuando el obispo Laguarda tuvo la sensata” ocurrencia
de ir terminando el templo partiendo de la fachada del Nacimiento y así tener
ya una parroquia, al menos.

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