domingo, 7 de julio de 2013

Catequesis quinta: El laico comprometido con su mundo, y el artista como comunicador de la belleza de Dios

Si vamos más allá de las informaciones habituales sobre Gaudí, que resaltan tanto su genialidad como su carácter un tanto pintoresco, descubrimos a otro Gaudí bastante desconocido. Lo cierto es que la trascendencia de su obra nos ha llevado a preguntarnos por los resortes íntimos de su persona y, como ocurre frecuentemente, al enfrentarnos a los motivos profundos de su vida descubrimos que la interpretación de sus realizaciones cobra otra perspectiva mucho más significativa. Más allá de los detalles y de las novedades técnicas hay una rica experiencia que se despliega en su misión de artista  que quiere mostrar en su obra la huella del creador.

I           EL LAICO COMPROMETIDO CON SU MUNDO

Gaudí es un modelo sugerente para el creyente actual. El estudio y el contraste con los testigos que más íntimamente le trataron, tanto humana como espiritualmente, es esclarecedor, todos son concordes en señalar la admiración que suscitaba más allá de su trabajo. La asistencia masiva a su funeral y los muchos testimonios de valoración entre los sectores más diversos, indican hasta qué punto se había convertido para sus conciudadanos en un referente de integridad y de convicción. Y esto resulta más sorprendente cuando sabemos que fue recogido como un mendigo, tras ser atropellado, y moría como un pobre en el hospital de los pobres. Como un creyente sencillo y coherente que desplegó una misión que aún continúa. Desde esta perspectiva merece la pena rastrear en algunos rasgos de su vida laical de la que podemos afirmar que llegó a “contribuir desde dentro, igual que la levadura, a la santificación del mundo” (Lumen Gentium, n. 31).

 1.-  El arquitecto de Dios

Para hacer bien las cosas, es necesario: primero, el amor a ellas, segundo, la técnica”.
Este es el rasgo de su personalidad que más le identificaba, en la medida en que comprendió su profesión como una misión.
A esta conciencia fue llegando progresivamente, y a ello estuvo especialmente ligado al proyecto de la Sagrada Familia. Aunque ya desde los comienzos resaltó por la originalidad de sus propuestas y la coherencia de sus convicciones. Curiosamente el tribunal de la escuela de arquitectura que le otorgó el título tenía conciencia perpleja de esta peculiaridad.
Los encargos civiles y eclesiásticos abundan entre sus obras, pero paulativamente se da una tendencia mayor a lo religioso, y de forma especial a la Sagrada Familia, que es la receptora de todos sus ensayos y descubrimientos. Todo esto supuso renuncias atrayentes como el proyecto para construir un gran hotel en Nueva York, según una oferta de 1908 por parte de empresarios norteamericanos.
Esta orientación del discernimiento nos indica hasta qué punto iba comprendiendo su trabajo como vocación, y cómo de forma cada vez más explícita marcaba sus elecciones y su trabajo cotidiano. La dedicación constante de horas y esfuerzo, así como el uso de los bienes en función de este fin, indican hasta qué punto tenía conciencia de su misión.

2.- El sentido de Iglesia

La Iglesia no para de construir y por eso su cabeza es el Pontífice –que quiere decir que hace puentes-, los templos son puentes para llevar a la Gloria”.
Gaudí, durante toda su vida, estuvo rodeado de creyentes que marcaron y acompañaron su camino. Primero sus padres de religiosidad sencilla, más tarde su maestro y mentor Joan Martorell, después mantuvo relación de amistad con intelectuales creyentes como el sacerdote-poeta Jacint Verdaguer o escritor Joan Maragall, pero sobretodo su amigo e inspirador Torras i Bages, obispo de Vic.
Además, distintos sacerdotes fueron guías, consejeros y colaboradores como el futuro santo el P. Enric de Ossó, los oratorianos P. Lluís Maria de Valls y P. Austí Mas, el jesuita P. Casanovas o el sacerdote diocesano responsable de la Sagrada Familia mosén Gil Parés. Esta trama de relaciones hace de Gaudí un hombre vinculado cordialmente a la Iglesia de su época.
Lo que no quita que tuvo que afrontar algunas dificultades, como cuando el obispo Morgades le exigió tempranamente los planos globales del edificio o cuando el obispo Laguarda tuvo la sensata” ocurrencia de ir terminando el templo partiendo de la fachada del Nacimiento y así tener ya una parroquia, al menos.

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Eso es todo por ahora. Seguiremos de aquí a unos días.
 
PORLA
 

 

 

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