sábado, 27 de julio de 2013

Sigue la Quinta Catequesis: “Cada uno debe hacer servir el don que Dios le ha dado”

Este vínculo existencial de Gaudí con la Iglesia tenía raíces espirituales. Se sentía miembro de la Iglesia por gracia, por convicción de fe, pero además por su sentido de la misión evangelizadora. Aquel arquitecto, que terminó convertido en constructor de un templo, siente la urgencia de llevar el Evangelio y la presencia de Dios a través de su obra al pueblo y a todas las gentes. Deseaba que sus obras invitaran a la fe, acercaran a Dios y sirvieran a los creyentes para confirmar y expresar su condición. Así su mayor satisfacción era organizar y participar en las celebraciones de las que era asistente y en ocasiones promotor. Entre los testigos, recuerdan especialmente su asistencia a la misa matutina de San Juan de Gracia, al oratorio de San Felipe Neri y a la Catedral de Barcelona. Y también, de forma más significativa, a las celebraciones bajo una lona, en la nave central del templo expiatorio en torno a la festividad de San Pedro, donde colaboraba en la organización.
Hemos de señalar también la formación cristiana de Gaudí, que se centraba especialmente en la liturgia, y desde ella se extendía en la compresión simbólica del arte cristiano y la música, especialmente el gregoriano. La síntesis teológica, fruto de su experiencia orante y celebrativa así como de sus diálogos y contrastes, tiene una coherencia y extensión muy notable como queda clara en la complejidad, armonía y riqueza de elementos de su obra. Era un laico, pero con una sólida formación que se forjó de forma bastante autodidacta, siempre ligada a su experiencia como constructor.

3.- La vida familiar
“La familia es otro arte, que lleva consigo sagradas obligaciones, que deben cumplirse si uno toma este estado”.
El celibato de Gaudí tiene tres explicaciones confluentes. Por una parte el fracaso, por variados motivos, de cuatro intentos de matrimonio. Estas dificultades van desde la ausencia de sintonía hasta la marcha a un convento de dos de sus candidatas. Por otra parte, la necesaria dedicación a los restos de su pequeña familia, su padre y su sobrina. Y por último, y probablemente como motivo más decisivo, por la intensa dedicación al trabajo como misión. Si bien esta situación llegó en algún momento a ser dolorosa, lo cierto es que Gaudí encontró el equilibrio personal en sus amigos, en la estabilidad de sus costumbres, en la centralidad de su profesión vivida de forma vocacional y en la intensidad de su vida espiritual.
Especialmente significativo era su compromiso en el cuidado de su anciano padre y de la enfermedad de alcoholismo de su sobrina huérfana. Esta fue abandonada por su padre, que también padecía esta dependencia, y pasó a ser acogida por Gaudí cuando muere su madre. Especialmente duro debió ser el acompañamiento cotidiano de la enfermedad de Roseta, y más en un hombre de sus ascéticas costumbres y sus convicciones. Sin embargo, siempre procuró la atención y el cuidado afectuoso de la enferma que murió después de 33 años en que su tío hizo de padre.
Uno de los testigos más cercanos, el por entonces joven escultor Joan Matamala, nos recuerda el aprecio de Gaudí por la familia así como su cuidado paternal de algunos aprendices artistas en dificultades y obreros del templo expiatorio. Aprecio que era correspondido por un pequeño grupo de amigos que siempre estuvieron dispuestos a la atención doméstica de la de Gaudí no era un especialista. Así, en la enfermedad, como en la época de las fiebres de malta, contó con la compañía experta del doctor Santaló, amigo cercano; como en las necesidades para la organización de la casa tras su soledad, en la que intervenía desde la familia Matamala a la familia guardiana del templo.
 
4.- El compromiso público

“El arquitecto solo halla apoyo en la realidad, a diferencia del poeta, que puede construir el mundo a base de palabras”.
El arquitecto de la Sagrada Familia tenía fuerte conciencia
de pertenencia a Catalunya y siempre fue defensor de su identidad cultural y lingüística. Un hecho significativo de esta convicción fue su detención, ya anciano, cuando quiso entrar a la iglesia de los santos Justo y Pastor para celebrar la eucaristía en memoria de los defensores de Barcelona. En pleno poder militar de la dictadura de Primo de Rivera, aquel acto era considerado subversivo y los guardias le impedían la entrada. Cuando el jefe de la guardia le recrimina que hable en catalán, Gaudí se confirma en su postura de defender su lengua. Los guardias le detienen; de allí pasa al calabozo del que solo saldrá tras pagar una multa. Este gesto de un hombre anciano muestra el coraje y la fuerza interna de sus convicciones.
Sin embargo, este compromiso no llega al ejercicio directo de la política. Así, cuando Prat de la Riba le visita para proponerte su candidatura, Gaudí rechaza la oferta convencido que su misión principal es la construcción del templo que sirve a su pueblo desde sus raíces más profundas. Esta negativa no quita su talante de participación social y ciudadana así como el seguimiento de los problemas sociales y políticos de su tiempo. Este compromiso le vincula a la participación en algunas asociaciones como el “Cercle Artístic de Sant Lluc”, el “Orfeó Català” dirigido por su amigo Lluis Millet, o el “Centre excursionista de Catalunya”.
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Aquí dejamos de momento la Catequesis quinta. La terminaremos en breve.

PORLA
 
 

 

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