CAPITULO
PRIMERO
Ofrece a Dios
sus Confesiones
1) Recibid, Señor el sacrificio de mis Confesiones,
que os ofrece mi lengua, que Vos formasteis y movisteis para que confesase
vuestro Nombre (Ps. 53, 8); sanad todos mis huesos (Ps. 6,3) y ellos os digan:
Señor, ¿quién hay semejante a Vos? (Ps, 34, 10). Cierto que el que a Vos se
confiesa, no os da a conocer lo que pasa por él; porque ni hay corazón cerrado
que se encubra a vuestra mirada ni dureza de hambre que resista a vuestra mano,
antes la ablandáis cuando queréis, o con misericordia o con castigo, y no hay
quien se esconda de vuestro calor (Ps. 18, 7). Pero mi alma os alabe para
amaros; y os confiese vuestras misericordias (Ps. 106, 8), para alabaros. Todas
vuestras criaturas no descansan ni cesan de publicar vuestras alabanzas; ni
calla todo espíritu, alabándoos por su propia boca, convertida a Vos (1); y los
animales y seres insensibles, por boca del hombre que los considera para que se
levante hacia Vos de su flojedad nuestra alma, apoyándose en las cosas que
habéis creado, y pasándose a Vos, que maravillosamente las creasteis y así
encuentra hartura y verdadera fortaleza.
No pueden
huir los malos de la presencia de Dios
2) Váyanse, huyan de Vos inquietos los pecadores
que Vos los veis, y distinguís sus sombras (1); y ved que el conjunto de todo
el universo con ellos es hermoso y ellos son feos. ¿Qué daño os hicieron? ¿O en
qué mancillaron vuestro imperio, que desde el Cielo hasta el abismo, es justo e
inviolable? Porque ¿adónde huyeron cuando huyeron de vuestra presencia? (Ps.
138, 7). ¿O en qué lugar no daréis con ellos? Pero huyeron para no veros a Vos,
que los estabais viendo, y para tropezar, ciegos, con Vos, que no desamparáis
cosa alguna de las que habéis creado; para tropezar con Vos, injustos, y ser
justamente atormentados, substrayéndose a vuestra blandura, tropezando con
vuestra rectitud, y cayendo bajo vuestro rigor. Y es que no saben que Vos
estáis en todo lugar, sin que ningún lugar os circunscriba; y Vos solo estáis
presenta aun a los que huyen lejos de Vos. Conviértanse, pues, y os busquen;
porque no así como ellos dejaron a su Creador, así Vos dejáis a vuestra
criatura. Conviértanse ellos, y he aquí que allí estáis en su mismo corazón en
el corazón de los que os confiesan, y se arrojan en vuestros brazos, y lloran
en vuestro seno al volver de sus caminos difíciles (Sab.5, 7) y Vos sois fácil
de enjugar sus lágrimas; y así las lloran más abundantes, y en llorarlas hallan
consuelo. Porque Vos, Señor, y no hombre alguno, que es carne y sangre, sino
Vos, Señor que los formasteis, los reparáis y consoláis.
Pues ¿dónde estaba yo cuando os buscaba? Estabais
Vos delante de mí; mas yo me había alejado también de mí, y no acertaba a
hallarme, ¡cuánto menos a Vos!
PORLA

No hay comentarios:
Publicar un comentario