domingo, 30 de agosto de 2015

LIBRO QUINTO - CONFESIONES DE SAN AGUSTIN

CAPITULO TERCERO
Oposición entre las afirmaciones de los maniqueos y las conclusiones de la ciencia
3) Hablaré en presencia de mi Dios, de aquel año veintinueve de mi vida. Había ya venido a Cartago cierto obispo de los maniqueos, llamado Fausto, gran lazo del demonio, en que muchos caían halagados por la suavidad de sus palabras, que yo también encomiaba aunque ya sabía distinguirlas de la verdad de las cosas que era lo que yo anhelaba aprender; y estaba atento no al plato del lenguaje, sino al manjar de la ciencia que me presentaba aquel Fausto, tan renombrado entre ellos. Habíamelo presentado la fama como doctísimo en todos los ramos del humano saber, y esmeradamente instruido en las ciencias liberales. Y como yo había leído muchas obras de filósofos, y las retenía en la memoria, iba comparando algunas de ellas con aquellas largas fábulas de los maniqueos: y me parecían más razonables las cosas que dijeron los filósofos, que con la fuerza de su ingenio llegaron a conocer este mundo, aunque no hallaron a su Autor (Sap. 13, 9); porque Vos, Señor, sois grande y ponéis los ojos en los humildes, y conocéis de lejos a los altivos (Ps. 139, 6), y no os acercáis sino a los contritos de corazón, ni os dejáis hallar de los soberbios, aunque ellos, con habilidad curiosa, cuenten las estrellas del Cielo y las arenas del mar y midan los espacios siderales e investiguen el curso de los astros.
 
4) Indagan con su entendimiento estas cosas y con el ingenio que Vos les disteis; y han llegado a descubrir muchas verdades, y a predecir tantos años antes los eclipses de sol y de luna, qué día, qué hora y cuánta parte del astro se había de ocultar; y no se engañaron en el cálculo, pues siempre acaeció como lo tenían anunciado. Dejaron también por escrito las reglas que habían hallado, las cuales hoy día se leen, y por ellas se predice qué año, qué mes del año, qué día del mes, qué hora del día y en cuánta parte de su disco se ha de eclipsar la luna o el sol; y así acaecerá como se pronostica.
Los hombres que no saben de esto se maravillan y espantan, y los que lo saben se ufanan y desvanecen, y apartándose con impía soberbia y privándose de vuestra luz, pronostican con tanta antelación el eclipse del sol, y no ven el eclipse propio que tienen presente. Porque no investigan con religiosa piedad de dónde les viene el ingenio con que investigan estos problemas; y hallando que Vos los hicisteis, y no ellos a sí mismos (Ps. 93, 3) no se entregan a Vos para que conservéis lo que hicisteis, ni os sacrifican lo que ellos han hecho en sí mismos, degollando, cual aves, sus altanerías, y cual peces del mar, sus curiosidades, con las cuales recorren las sendas recónditas del abismo (Ps. 8, 9), y sus lujurias, cual animales del campo, para que Vos, Dios mío, que sois fuego devorador (Deut. 4, 24), consumáis sus mortales congojas, recreándolos inmortalmente.

5) Mas no conocen ellos el camino, vuestro Verbo, por el cual hicisteis todas las cosas que ellos reducen a número, y a ellos mismos que los numeran, y el sentido con que lo reducen a número; mas vuestra sabiduría no tiene número (Ps. 146, 5). Este vuestro Unigénito Hijo se hizo para nosotros sabiduría, justicia y santificación (1 Cor. 1, 30), y fue contado en nuestro número, y como tal, pagó tributo al César.
No conocen ellos este camino, para bajar de sí mismos hasta Él, y para subir por Él hasta Él: no conocen este camino: y piensan que son muy altos y resplandecientes, como astros, y helos ahí caídos por tierra y entenebrecido su necio corazón (Rom. 1, 25). Dicen de la creación muchas cosas verdaderas, mas no buscan piadosamente la Verdad, artífice de la creación, y por eso le hallan; y si le hallan conociéndole por Dios,, no le honran, ni le dan gracias como a Dios; antes se desvanecen en sus pensamientos, y dicen de sí que son sabios (Rom. 1, 21-23), atribuyéndose a sí lo que es vuestro: y por lo mismo, quieren, con ceguedad perversísima, atribuiros a Vos lo que es suyo, poniendo mentiras en Vos, que sois la Verdad, y trocando la gloria de Dios incorruptible en la semejanza de la imagen del hombre corruptible, y de las aves y animales y serpientes; así truecan vuestra verdad en su mentira, y adoran y sirven a la criatura, más bien que a Creador (Rom. 1, 23-25).

6) Sin embargo, yo recordaba muchas cosas verdaderas que éstos habían dicho de la naturaleza; y se me ofrecía la razón por el cálculo, y por el orden de las estaciones, y por la observación de las estrellas, y lo iba comparando con las afirmaciones del Maniqueo, que sobre estas cuestiones  escribió mucho, disparatando desaforadamente; y no hallaba yo en él la razón de los solsticios y de los equinoccios, ni de los eclipses de sol y de luna, ni de otras cosas semejantes que yo había aprendido en los libros de los filósofos paganos. Con todo me mandaban creer lo no venía bien con las razones que yo por el cálculo y a vista de ojos tenía averiguadas, y era cosa muy diferente. 

PORLA


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