El 9 de junio de 1868 se consagró en Turín, Italia,
la Basílica de María Auxiliadora. La historia de esta Basílica es una cadena de
favores de la Madre de Dios. Su constructor fue San Juan Bosco, humilde
campesino, hijo de padres muy pobres.
A los tres años quedó huérfano de padre. Tuvo que
pedir limosna, de casa en casa, para ir al colegio.La Santísima Virgen se le apareció en sueños y le mandó que adquiriera “ciencia y paciencia”, porque estaba destinado por Dios para educar a muchos niños pobres. Por esa razón se dedicó al estudio, con grandes sacrificios.
En el seminario tuvo que hacer de zapatero, sastre y peluquero, para conseguir sus libros y la ropa que necesitaba. Cuando se ordenó de sacerdote recogió centenares de niños pobres y los educó gratuitamente en sus escuelas de artes y oficios.
La Virgen se le apareció nuevamente y le pidió que le construyera un gran templo con el título de Auxiliadora de los cristianos.
Empezó la construcción con tres monedas de veinte centavos cada una. Pero eran tantos los milagros de María Auxiliadora que en cuatro años estuvo terminada la Basílica. El santo repetía “cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen”.
Desde este santuario se extendió la devoción a la Madre de Dios bajo el título de Auxiliadora de los cristianos por todo el mundo. Y son tantos los favores de Nuestra Señora que es una de las devociones más populares en todo el universo.
Digamos como San Juan Bosco: “Cuando María ruega, todo se obtiene, nada se niega”.
PORLA

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